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Garapenen bloga: Xavier Ferràs Hernàndez - Decano de la Facultad de Empresa y Comunicación de la Universidad de Vic. Doctor en Administración de Empresas, MBA, Ingeniero Superior de Telecomunicaciones por la UPC (1993)

Coste marginal cero

Autor: Xavier Ferràs Hernàndez – Decano de la Facultad de Empresa y Comunicación de la Universidad de Vic. Doctor en Administración de Empresas, MBA, Ingeniero Superior de Telecomunicaciones por la UPC (1993)

¿Nos acercamos a una economía de coste marginal cero? Esta es la tesis que anticipaba Jeremy Rifkin hace unos años en su libro “The Zero Marginal Cost Society”. ¿El avance de la tecnología nos lleva a un modelo económico donde bienes y servicios se produzcan a coste cero? Parece que es así. La economía digital tiene naturaleza de coste marginal cero. Desarrollar un nuevo programa de software (por ejemplo, un nuevo sistema operativo) es una inversión significativa. Pero la segunda unidad es una copia digital de la primera, cuyo coste de producción es nulo. Esta característica se extiende a medida que la economía se digitaliza: realizar una superproducción cinematográfica, un nuevo single musical, o un best-seller significa una inversión en tiempo y dinero. Pero los canales digitales las distribuyen a coste cero. El coste marginal de un usuario más en Facebook es cero. El coste de formar un alumno más en un curso on-line, o a través de un MOOC es nulo. Una vez programado un sistema automático de inteligencia artificial (un “bot” -robot de voz-) para atender al alumno en una universidad, para recibir quejas del cliente en un call center, o para asesorar clientes on-line en una entidad bancaria, el coste de un servicio adicional (una nueva consulta) es cero. Y, el sistema puede atender miles, o cientos de miles de consultas simultáneas. Cuando tengamos sistemas de asesoramiento personalizado basados en inteligencia artificial (en medicina o derecho, por ejemplo) dispondremos de médicos o abogados a coste cero. Cuando se popularicen los avatares digitales interactivos, el coste de un profesor digital, o de un responsable de ventas digital con capacidad cognitiva casi humana será cero. El coste de un transportista será cero cuando se extiendan los algoritmos de conducción automática: el primer algoritmo de, por ejemplo, un nuevo modelo de Tesla tendrá un coste de desarrollo muy elevado. Pero el mismo algoritmo podrá ser distribuido digitalmente, a coste cero, a todos los vehículos de Tesla. Y, a medida que dichos algoritmos aprendan de su experiencia (machine learning), transmitirán sus conocimientos (se actualizarán las versiones de software) a coste cero al conjunto de vehículos Tesla, haciéndolos más y más eficientes.

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¿Y quién paga la fiesta?

Autor: Xavier Ferràs Hernàndez – Decano de la Facultad de Empresa y Comunicación de la Universidad de Vic. Doctor en Administración de Empresas, MBA, Ingeniero Superior de Telecomunicaciones por la UPC (1993)

A consecuencia del artículo publicado la pasada semana sobre Renta Básica Universal, he recibido gran cantidad de e-mails y de comentarios. La mayor parte, de interés. Algunos, de escepticismo. La gran pregunta de los escépticos es: ¿y quién paga la fiesta?

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Renta Básica Universal

Autor: Xavier Ferràs Hernàndez – Decano de la Facultad de Empresa y Comunicación de la Universidad de Vic. Doctor en Administración de Empresas, MBA, Ingeniero Superior de Telecomunicaciones por la UPC (1993)

Imaginemos que nos ofrecen el equivalente a 1000 € mensuales de por vida, por el simple hecho de ser ciudadanos, e independientemente de nuestras condiciones laborales (tanto si trabajamos como si no). ¿Cómo nos comportaríamos? Este es el principio de la Renta Básica Universal (RBU), un mínimo garantizado que nos permita mantenernos sobre la línea de pobreza, una propuesta de innovación social que empieza a tomar fuerza creciente en el mundo del capitalismo postcrisis. Parece una locura, pero más y más expertos se interesan por el tema, mientras la automatización masiva expulsa millones de personas de sus empleos.

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¿Ecosistemas o egosistemas?

La “triple hélice” es un concepto acuñado a principios de los 90 por el profesor
Henry Etzkowitz, de la Universidad de Stanford. Se refiere a la necesidad de integrar tres ámbitos clave en el mundo de la innovación: la empresa, la universidad y la administración, a fin de generar sistemas nacionales de innovación capaces de competir globalmente. Inspirado en la forma de hélice del ADN, Etzkowitz postuló la sincronización de dichos ámbitos, con el fin de crear conglomerados territoriales de agentes capaces de generar, de forma sistemática, empresas de alto potencial de crecimiento y escala global. El destino me ha llevado a conocer con bastante profundidad cada una de las aspas de esa hélice: he pasado unos cuantos años de mi vida profesional en la industria (como ingeniero de producción), unos cuantos más en la administración (intentando diseñar y desplegar políticas de innovación), y otros tantos en la universidad, inmerso en la vida académica. Desafortunadamente, he podido constatar que no tenemos una sola hélice con tres aspas, como demandaba Etzkowitz, sino tres hélices con vida propia. Hélices a menudo agarrotadas y desalineadas. Las bloquean una serie de trampas que describo a continuación.

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