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Plan de Futuro, Plan Estratégico y sus plazos

Autor: Alain Jordà — Experto en desa­rro­llo eco­nó­mico local, orien­tado a ciu­da­des y terri­to­rios de Lati­noa­mé­rica y Europa

Este artículo surge de la respuesta a la consulta que me hizo Francisco Delgado, de Pachuca, Hidalgo, México, durante el curso que acabo de finalizar para la UIM. Como creo que el tema es de interés para muchos de vosotr@s, mis lector@s, lo he ampliado en este texto.

Francisco planteaba su pregunta de la siguiente manera:

“He de comentar que he leído su Manual de Estrategia de Desarrollo en Ciudades Intermedias (y Territorios), me parece un trabajo muy completo, práctico y fácil de analizar, estoy de acuerdo en que es muy importante la implicación de todos los agentes locales en la elaboración de la estrategia y del plan ya que todos deben compartir una idea del futuro que quieran realizar. He leído que el tiempo de ejecución de una estrategia es de 4 a 6 meses, mi pregunta sería ¿cuál es el tiempo razonable para la elaboración de un plan de desarrollo local, y cuánto tiempo le damos a su implementación para ver sus primeros frutos?“. 

Mi respuesta es la siguiente:

En primer lugar, es conveniente precisar de qué estamos hablando al utilizar los términos estrategia, plan de desarrollo local o plan de futuro.

Clarificación terminológica: Planes de Futuro, Estratégico, Urbanístico y Sectoriales

El plazo de 4 a 6 meses del que hablo en el libro permite disponer de una visión de futuro de la ciudad y de una hoja de ruta con sus grandes líneas consensuadas con la sociedad local. Eso es lo que yo llamo el Plan de Futuro de la Ciudad. En él la ciudad define cuál es su ambición y cómo desea haberse transformado en el largo plazo (10, 15 o 20 años). Se recoge en un documento breve, de una decena de páginas, cuyas grandes aportaciones son la definición de esa visión de futuro de la ciudad, las apuestas estratégicas sobre las que se quiere construir la visión y el hecho de que consigue agrupar, detrás de esa visión, a todos los actores locales.

Ese Plan de Futuro deberá ser seguido de la definición de planes de segundo nivel, más detallados y/o específicos, que podrán tener diversas vocaciones y distintos nombres. Puede ser un Plan Estratégico de la Ciudad (documento que recoge en detalle el conjunto de ámbitos de la ciudad con las actuaciones de mejora que deben hacerse en cada uno de ellos), un Plan Urbanístico o también planes sectoriales como puede ser un Plan de Turismo, un Plan de Desarrollo Industrial, un Plan de Movilidad u otros. Y todos ellos van a basarse en la inspiración y los criterios fijados por el Plan de Futuro inicial.

A menudo ocurre que una ciudad ya dispone de alguno de esos documentos de segundo nivel y es a posteriori cuando se plantea la necesidad de disponer de un Plan de Futuro que aporte un criterio integrador al conjunto de sus actuaciones. En ese caso, convendrá revisar el documento preexistente a la luz de los criterios recientemente aportados por el Plan de Futuro. Esa revisión implicará que la mayoría de acciones previstas en el documento de segundo nivel preexistente se mantendrán aunque, quizá, vean modificada su prioridad o su calendario de ejecución, algunas actuaciones se suprimirán y algunas otras aparecerán de nuevo y tendrán que ser definidas y detalladas. Es decir, que la mayor parte del trabajo realizado anteriormente mantendrá su utilidad y será aprovechable tras su revisión bajo la luz de los criterios definidos por el Plan de Futuro.

De hecho, este es el proceso que vamos a llevar a cabo en una destacada ciudad española que dispone ya de un Plan Estratégico. Tras comprobar que ese Plan Estratégico no cumple su función como herramienta de transformación efectiva de la ciudad (al no aportar una visión diferenciadora de futuro ni contar con la complicidad de los actores locales) su Ayuntamiento ha decidido revisar ese Plan Estratégico mediante un proceso, el primer paso del cual va a ser definir el Plan de Futuro de esa ciudad junto a los actores locales. A partir de ese Plan de Futuro y de la visión que aporte para la ciudad, que será, ahora sí, consensuada con los actores locales, cobrará sentido para todos -Ayuntamiento y actores locales- revisar el Plan Estratégico y la validación o modificación de sus propuestas así como de su priorización.

Plazos y tempos

Regresando a la pregunta que da pie a este artículo, queda dicho que el plazo de 4 a 6 meses es el que se necesita para definir el Plan de Futuro de una ciudad intermedia.

En cuanto a la definición posterior de un “plan de desarrollo local” dependerá de cuál de los distintos planes vayamos a definir (estratégico, desarrollo económico local, urbanístico…) puesto que cada uno de ellos tiene distintas cargas de trabajo.

En todo caso, la puesta en práctica del Plan de Futuro va a ser un proceso que se lleve a cabo a distintas velocidades. Quiero decir que se derivarán de él tanto actuaciones que puedan inciarse de forma casi inmediata mientras otras requerirán de una planificación previa, de búsqueda de financiación, etc. antes de poder ser llevadas a cabo.

Esto será así, en buena medida, gracias al hecho de haber implicado a los actores locales en la definición del Plan de Futuro. Por ejemplo, si, como resultado de las apuestas de ese Plan de Futuro, un grupo de productores agropecuarios e industriales de la ciudad propone impulsar una “Feria de Productos Lácticos”, no es necesario esperar a completar la definición de un Plan Estratégico o de un plan de Desarrollo Económico Local para empezar a avanzar en el nuevo futuro. Podemos crear un grupo de trabajo, liderado por quienes han tomado la iniciativa, y en el que también estarán otros actores como el Ayuntamiento, representantes del sector turístico o del cultural según los que manifiesten su interés en participar en la organización de la citada feria.

Con este ejemplo, podemos ver cómo algunas acciones se podrán poner en marcha casi inmediatamente tras la aprobación del Plan de Futuro mientras otros planes, por ejemplo, el urbanístico o el de movilidad pueden tomar 1 o 2 años para completar su definición. Y todo ello forma parte de ese plan de desarrollo que se irá definiendo y desplegando progresivamente, siempre mirando al objetivo final y enmarcado por las líneas estratégicas aprobadas. No estamos hablando, pues, de un plan rígido que debe llevarse a cabo punto por punto siguiendo el documento al pie de la letra sino más bien de un plan que, a partir de su objetivo final y de sus líneas estratégicas básicas, combinará acciones a planificar con fechas concretas -por ejemplo, la construcción de un nuevo centro de convenciones-, otras que pueden implementarse de inmediato y otras que quizá persigan cambios sociales como la reducción de adicciones o la promoción del emprendimiento y que podrán llegar a ser subplanes dentro del Plan de Futuro general.

En cuanto al plazo para recoger frutos, seguirá también el ritmo de la puesta en marcha de las distintas actuaciones. Algunos resultados se podrán ver muy rápidamente como la celebración de la nueva feria de productos lácticos que os ponía de ejemplo. Otros proyectos -p.e., la creación de un nuevo centro de desarrollo tecnológico- tomarán sus años (búsqueda de financiación, elaboración de proyecto, contratación, construcción, atracción de talento,…). En cuanto a los cambios de fondo, se irán produciendo poco a poco a lo largo de los años. Para esos últimos y para monitorizar su evolución, sin duda es necesario definir indicadores y medirlos periódicamente.

A los efectos de mantener la dinámica de la ilusión ciudadana en el progreso del proceso de desarrollo, es muy importante mantener viva la imagen del objetivo de ciudad durante todo el proceso (10 a 20 años). Porque la nueva ciudad a la que aspiran sus habitantes se irá construyendo por la confluencia sucesiva de los distintos proyectos sociales, económicos, urbanísticos y ambientales. Y es importante visualizar permanentemente que esa construcción avanza y que se está, día a día, más cerca de la realidad de la nueva ciudad que, juntos, pensamos y perseguimos.

Conclusiones

La duración del proceso de definición del Plan de Futuro de una ciudad intermedia es de 4 a 6 meses. Ese Plan de Futuro aporta la visión del futuro que la ciudad se plantea y las apuestas estratégicas que hace para alcanzar esa visión  en el largo plazo (10-20 años).

Ese Plan de Futuro es el paso previo que aporta las pautas y los criterios a seguir para cualquier documento de planificación derivado ya sea un Plan Estratégico, un Plan Urbanístico, un Plan de Turismo, un Plan de Desarrollo Industrial, un Plan de Movilidad u otros.

Cada uno de esos documentos de planificación derivados tiene distintos requisitos que hacen que la duración de su elaboración pueda ir, según los casos, desde algunos meses hasta los 2 o 3 años.

Ello no es impedimento para que, gracias a las líneas marcadas por el Plan de Futuro, puedan llevarse a cabo actuaciones en el corto plazo o, incluso, de forma casi inmediata, que avancen hacia la meta final y que contribuyan a visualizar el nuevo espíritu de la ciudad. Para ello, la implicación de los actores locales es determinante.

Los frutos, por lo tanto, deben poder obtenerse a lo largo de todo el proceso, con un inicio casi inmediato, si se organizan adecuadamente los recursos y las propuestas de los actores de la ciudad.

Nota: el curso de la UIM en el que Francisco Delgado me planteó la pregunta es el módulo Desarrollo Económico Local (DEL): Experiencias y Modelos de Gestión correspondiente a la Maestría en Dirección y Gestión Pública Local. http://www.uimunicipalistas.org/

Alain Jordà - Experto en desarrollo económico local, orientado a ciudades y territorios de Latinoamérica y Europa

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