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Beneficios y amenazas de la industria 4.0

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La necesidad de globalizarse requiere que el acelerado proceso de desarrollo de la digitalización de la industria y los servicios se acompañe de medidas concretas que, en el marco de la transición industrial, soslaye la aparición de un nuevo y potente foco de desigualdades a escala individual, sectorial y territorial, propiciando situaciones de dualidad en las condiciones sociales y retributivas de los trabajadores, recurriendo al apoyo de políticas públicas solidarias, adicionales a las educativas.

Los valores de la digitalización y del cambio no se limitan al mundo de trabajo. Los procesos de cambio se entrelazan con todas las esferas de la sociedad: los sistemas de seguridad social, la cultura y la educación, la seguridad ciudadana, las infraestructuras, etc. La democracia y la participación son las características estructurales clave en esta sociedad y esto incluye el mundo del trabajo.

Características del nuevo modelo industrial

El foco de la transformación digital está muy ligado a la llamada Industria 4.0 o ‘cuarta revolución industrial’, que supone la aplicación a escala industrial de sistemas automatizados con especial incidencia en los procesos productivos y la interconexión entre unidades productivas, consiguiendo crear redes de producción digitales que permiten acelerarla y utilizar los recursos de manera más eficiente. Son cuatro palancas: automatización, acceso digital al cliente, conectividad e información digital, las que permiten ilustrar el grado de transformación del que ya estamos siendo testigos.

Las tecnologías digitales brindan a la industria manufacturera la posibilidad de dar respuesta a las nuevas exigencias de sus clientes a nivel de ‘Productos, Procesos y Modelos de negocio’, produciendo un impacto determinante en la cadena de valor y aportando tanto beneficios como amenazas para los que se quedan fuera, al mismo tiempo que incorpora un aumento de la calidad de los productos y una reducción de costes de producción.

El proceso de digitalización incide en todos los factores que rodean a la sociedad: la economía, el turismo, el comercio, la información, la contratación, la administración pública, la formación, la logística, la seguridad…, comportando la anulación de barreras físicas. El debate precisa incorporar la cultura 4.0 y la digitalización de los servicios no sólo de la administración electrónica, sino también: de la sanidad 4.0, la teleeducación, la digitalización de la movilidad de los ciudadanos, las smart cities, el tratamiento y recogida de residuos sólidos, el suministro y depuración del agua, el eléctrico, la construcción, los servicios bancarios, la ganadería y así un largo etcétera.

Necesidades formativas para la transformación productiva y del empleo

Aproximadamente, un 75% de los oficios y las profesiones futuras aún no existen y estarán relacionadas con los sistemas informáticos, la gestión de datos y la seguridad informática, además de los sistemas robóticos, entre otros. Los perfiles laborales tendrán como referencia profesionales salidos de titulaciones universitarias de informática y telecomunicaciones. También habrá necesidad de ingenieros industriales, matemáticos, diseñadores gráficos y perfiles de negocio de nivel universitario.

La cuarta revolución industrial será para los altamente cualificados y con gran capacidad de adaptación, flexibilidad y aprendizaje continuo, con perfiles más multidisciplinares, con un currículo en competencias en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, ya sea de educación universitaria o un perfil más técnico procedente de FP superior, de hecho, está surgiendo una mayor demanda laboral de éstos. El trabajador del futuro deberá tener competencias en el trabajo colaborativo y en equipo; la gestión del tiempo; la resolución de problemas; el razonamiento analítico; la capacidad de buscar, filtrar y priorizar información; y, sobre todo, compartir decisiones. La baja cualificación, de servicios para la sociedad, también tendrá un espacio recurrente.

Los empleos del futuro requieren de una formación que ahora no se da, mientras que los jóvenes necesitarán una sólida base teórica, una buena formación práctica y estar en contacto con el mundo del hardware y del software. La industria y los servicios deben ser capaces de influir en los planes de estudio universitarios y de formación profesional para indicar los intereses formativos.

La relación entre innovación tecnológica y la ocupación es bastante compleja, porque los efectos de la tecnología parecen positivos cuando repercuten en la producción de productos innovadores, porque crean nuevos mercados, nueva demanda y, por tanto, más empleos. Pero cuando la tecnología mejora los procesos, el impacto sobre la ocupación tiende a ser negativo, ya que las nuevas máquinas permiten producir la misma cantidad con menos trabajo. Los trabajos que quedan protegidos de la robotización son aquellos donde es necesaria una mayor inteligencia creativa, intuitiva o emocional.

El problema de nuestro país, más que vincularlo en el ámbito de la cualificación de las personas, tiene como principal referencia la falta de adecuación a la actividad económica, industrial y productiva existente. Este desequilibrio se refleja en que, cada vez en mayor volumen, un gran número de licenciados y grandes profesionales decide buscar la salida laboral fuera del territorio.

Los cambios necesarios no deben venir sólo de la educación universitaria o especializada, sin incidir en el origen del problema: el sistema educativo y, con ello, los años incipientes del mismo, es decir, desde la escuela. Si el cambio no se implica en el proceso Industria 4.0 afecta al conjunto del sistema educativo, estaremos frente a la amenaza de una fractura social de efectos imprevisibles, con el riesgo de una brecha entre los simplemente escolarizados y los formados en capacitación para participar en un mundo global y cambiable.

La actitud del sindicato ante la 4ª revolución industrial

CCOO de Industria lleva muchos meses analizando la posible evolución del proceso de digitalización en los distintos sectores de la economía: acelerado en el sector servicios (sistema financiero, comercio, logística y distribución), algo más lento en la aplicación de la conectividad de los procesos industriales (interconexiones entre unidades productivas) y más a largo plazo en el desarrollo de la automatización y robotización de la industria manufacturera en su conjunto.

Para CCOO de Industria, en este proceso el papel del Estado es determinante, requiere reformular la composición de la Administración del Estado de cara a concentrar recursos económicos y humanos y coordinar actuaciones con el mismo objetivo: para que este proceso de cambio tecnológico, digital y productivo sea una realidad, evitando que profundice en la precariedad del empleo, en las desigualdades entre trabajadores y, sobre todo, en la cohesión social y territorial.

En este marco, la apuesta pública debe ser el pilar básico de la inversión en ciencia, mientras que la inversión privada será determinante en su desarrollo y traslación al sistema productivo, lo que requiere una importante capacidad de inversión y donde el capital riesgo también puede actuar. La complejidad del mismo requiere contar con las empresas, los colegios profesionales y a todos aquellos agentes involucrados en el desarrollo industrial del país su implicación mediante la apertura de un foro de debate y participación, coordinado por la Administración y con presencia de los Ministerios de Industria, de Economía (Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación), de Empleo y de Educación, junto a las patronales CEOE-CEPYME, los distintos grupos empresariales, además de los sindicatos CCOO y UGT, con el objetivo de definir y diseñar el modelo que queremos para España.

La participación e implicación de los sindicatos en este proceso es un factor determinante, porque somos actores competentes y legítimos en su evolución, debiendo estar implicados desde el principio, en su diseño y desarrollo tecnológico, y hasta el final, en las consecuencias sociales de su implantación. El reto sindical no es el tecnológico sino la gestión de las personas, mediante el diálogo social y la negoción colectiva, con nuevos derechos e integrando nuevas competencias digitales; gestionando el cambio de la organización del trabajo, la seguridad y salud ocupacionales, las cualificaciones; la jornada laboral y el lugar de trabajo y, en definitiva, en la legislación laboral. Porque el problema no es el número de empleos que se pierdan con la automatización, sino que se produzcan los suficientes para compensar la pérdida de puestos de trabajo que ocasiona la digitalización, como pasó en las anteriores revoluciones industriales. Este proceso requiere compartir decisiones, relegando mayor poder e influencia en la toma de decisiones, la organización y la estructura de la actividad a la mano de obra.

Uno de cada cuatro empleos lo llevará a cabo una máquina con más o menos rasgos de inteligencia artificial. Todos estos cambios incorporan efectos en la normativa laboral y, por tanto, una adaptación de las regulaciones a este nuevo marco, incluyendo la formación, no solo como derecho sino deber para el empresario y el trabajador.

La apuesta que CCOO de Industria viene realizando desde hace más de cinco años, para que la industria se configure como un elemento determinante para el desarrollo de la economía y el bienestar del país, ahora cobra mayor fuerza si cabe. Porque la cuarta revolución industrial implica un cambio radical en el fondo y la forma de desenvolvimiento de las empresas, el sistema educativo, los trabajadores, los gobiernos y la sociedad. Nuestra apuesta por un Pacto por la Industria que incorpora el Pacto por la Digitalización, la vamos a seguir defendiendo con mayor intensidad en el futuro, incorporando a empresas, partidos políticos, instituciones educativas, colegios profesionales, organizaciones de carácter industrial y, sobre todo, los gobiernos, si quieren y tienen la voluntad necesaria que no han demostrado hasta la fecha.

Máximo Blanco, Responsable de Estrategias Industriales de la Federación de Industrias de CC.OO.

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