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Inteligencia artificial, futuro del empleo y desarrollo local (III)

El proceso de progresiva automatización del empleo debe ser tomado en consideración también desde las políticas de desarrollo económico local. Debemos prestar especial atención para anticiparnos a los impactos específicos que pueda suponer para nuestro territorio como también a descubrir las oportunidades que puede ofrecernos para la mejora del bienestar en nuestra comunidad. Existen claramente factores que sitúan al desarrollo territorial como un potencial protagonista de primera magnitud en la superación de los retos que se plantean.

Para ello, no obstante, es preciso ante todo adquirir consciencia de la magnitud de estos retos. La encuesta llevada a cabo en Euskadi en el marco del proyecto Millenium sobre el futuro del trabajo y la tecnología en el horizonte 2050, mostraba como aproximadamente el 50% de los empresarios no creen que estas tendencias vayan a afectar significativamente al empleo. Por su parte, el informe del Foro Económico Mundial alertaba sobre la falta de consideración en general hacia estas cuestiones, achacándolas a la escasa comprensión de los elementos disruptivos de cambio, la limitación de recursos y las presiones por obtener resultados a corto plazo o la falta de alineamiento entre las estrategias laborales y las de innovación. Incluso Bill Gates mostraba su consternación por la falta de interés de muchas personas sobre estas cuestiones.

Es por ello que, ahora más que nunca, necesitamos iniciar un amplio debate. Y por supuesto repensar algunas cuestiones, como los indicadores para medir el progreso y el bienestar de una comunidad. El PIB ya lo hemos descartado hace tiempo (aunque no hemos propuesto alternativas sólidas). La medida de las tasas de empleo/paro tampoco servirá ya ante las nuevas condiciones. Ni siquiera la productividad es un indicador de progreso válido cuando su crecimiento no va acompañado del crecimiento de la mediana de los ingresos. Y el ingreso representará posiblemente un factor cada vez menor como fuente de bienestar y otras fuentes como el intercambio deberán ser tenidas más en cuenta.

Por su parte, el ya citado informe del Foro Económico Mundial determina una serie de recomendaciones para la acción en el corto plazo:

  • Reinventar la función de recursos humanos, haciéndola más estratégica y capaz de analizar y anticiparse a los cambios.
  • Utilizar el análisis de datos para planificar los recursos humanos y la gestión del talento.
  • Incorporar la diversidad de talento de manera real y efectiva.
  • Encontrar un equilibrio entre la flexibilidad requerida por el mercado de trabajo y la seguridad requerida por las personas trabajadoras.

Asimismo, propone algunas recomendaciones a más largo plazo:

  • Repensar el sistema educativo y cómo será el currículo del siglo XXI.
  • Incentivar el aprendizaje a lo largo de la vida y el trabajo para desarrollar y adaptar las propias competencias.
  • Colaboración público-privada y entre sectores de actividad para complementarse a la hora de buscar soluciones.

Dentro del primer bloque encontramos algunas tareas que ya pueden ser asumidas desde las políticas de desarrollo económico local; en particular, el apoyo a las empresas y organizaciones para adaptar su política de recursos humanos a los nuevos tiempos, trabajando los currículos y la selección de personal por competencias. Realizar también un acompañamiento más intenso y personalizado a las personas en sus trayectorias curriculares para asegurar una mayor igualdad en el acceso a los perfiles más cualificados. Asimismo, promover los liderazgos femeninos, mucho más orientados a la inteligencia emocional y las relaciones personales.

Aunque más complicado operativamente, algunas propuestas apuntan a la posibilidad de creación de zonas de innovación donde pueda experimentarse con diferentes formas de organización del trabajo o de flexibilidad laboral.

Entre las medidas a largo plazo, sin duda la ventaja del ámbito local a la hora de plantear procesos de colaboración público-privada debe ser aprovechada para preparar al territorio ante los cambios que se avecinan. Ello puede incluir la colaboración para identificar necesidades específicas de la comunidad que generen oportunidades: según Tim O’Reilly, uno de los principales analistas sobre el futuro de la economía, la forma de crear empleo en el futuro inmediato será mediante el desarrollo de servicios que cubran demandas no satisfechas y resuelvan problemas grandes y complejos, con un alto componente en innovación social. Así, por ejemplo, se abrirá un amplio campo de actuación para los “nuevos artesanos”: microempresas que ofrezcan productos y servicios individualizados y personalizados en todos los ámbitos, respondiendo a las necesidades reales de las comunidades a las que pertenecen y de las personas que forman parte de ellas.

Pero la gran oportunidad para lo local se encuentra en el impulso del modelo de desarrollo comunitario, la economía social, solidaria y colaborativa, puesto que se trata de fórmulas basadas en aquellos factores y competencias que la inteligencia artificial no podrá ocupar, vinculadas a la necesidad de interactuar y de comprender las necesidades humanas. Fórmulas de colaboración para la satisfacción de las necesidades que requieran una mayor inteligencia emocional.

Proximidad, confianza, colaboración y co-creación, que son ejes fundamentales del desarrollo territorial, fortalecerán el sentido de pertenencia a la comunidad y el sentido del trabajo humano. Serán necesarios también, en este sentido, grandes acuerdos a nivel territorial para proporcionar un estatus y, como ya se está analizando en diversos lugares, una renta básica para las personas que trabajan y contribuyen en su comunidad sin obtener remuneración alguna (incluyendo el trabajo doméstico).

En definitiva, es evidente que hay que evitar a toda costa la generación de incertidumbre e inquietud hacia el futuro o atizar el miedo hacia la tecnología al estilo de ciertas distopías cinematográficas, pero igualmente resulta ineludible afrontar de manera decidida los retos que se plantean. Y el desarrollo local no sólo debe atender desde ya a estas cuestiones, sino que está especialmente preparado para ofrecer respuestas adecuadas.

Oriol Estela – Coordinador General de la Asociación Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona.

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