RSS

Garapenen bloga: octubre de 2015

¿Por qué es necesaria una estrategia territorial? (3)

En la primera parte de este artículo hemos comprobado que no funciona la definición de un plan de gobierno territorial cuando lo construimos a partir de la suma de los planes de cada secretaría/consejería. En la segunda, hemos descubierto que, si partimos de una idea general que utilizamos como guía, las políticas sectoriales son mucho más naturales de definir y tienen coherencia alrededor de la idea inicial. Ahora corresponde avanzar en la reflexión y precisar las ventajas de un enfoque territorial frente a una suma de enfoques sectoriales.

LEERMAS

¿Por qué es necesaria una estrategia territorial? (2)

En el post anterior veíamos que no es una forma adecuada de definir un Plan de Gobierno el definir las actuaciones a realizar desde cada uno de los ámbitos de gobierno. Al hacerlo de esta manera, dejábamos muchos cabos sueltos y no éramos capaces de hilvanar un plan coherente en el que las actuaciones de un ámbito se integraran o reforzaran las de los demá ámbitos. Además, podemos intuir que, en esta situación, un gobernante caerá, al no disponer de criterios claros, en la arbitrariedad en la asignación de los recursos de que dispone. Quizá dará prioridad a los problemas de los que sea más consciente o que le toquen más de cerca, quizá le hará caso a sus consejeros o aplicará cualquier otro “criterio”poco fundamentado y, en cualquier caso, poco en sintonía con las verdaderas prioridades del territorio que gobierna.

LEERMAS

¿Por qué es necesaria una estrategia territorial? (1)

Éste es el inicio de una serie de artículos sobre estrategia territorial o local, su necesidad, los elementos que deben conformarla, los criterios para definirla y también, cómo llevar a cabo un proceso estratégico que transforme el territorio. Confío en que resulte de utilidad para muchos políticos, profesionales y, en definitiva, para las ciudades, los territorios y sus habitantes.

LEERMAS

Innovación líquida, talento fluido

Es un lugar común la reflexión sobre la dudosa utilidad de vehículos con motores de alto caballaje en un contexto de claras restricciones a la velocidad de los mismos. ¿De qué sirve tener doscientos caballos bajo el capo mientras circulas con limites de ciento veinte  por las autopistas? Evidentemente de nada, a no ser que seas uno de esos que se auto realizan al volante o simplemente te dediques a hacer el cafre por carreteras y autovías. En cualquier caso, hablamos de un gasto superfluo o, si se prefiere, de un despilfarro injustificado. Valga el símil para un buen número de empresas en relación con sus políticas de innovación.

LEERMAS