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Impacto de la LRSAL en los procesos de desarrollo local (3)

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 Propuestas para incrementar la sostenibilidad de los procesos de desarrollo local

Una vez presentados los principales detalles de la aplicación de la política de desarrollo económico y productivo, se procede, a continuación, a presentar y explicar un conjunto de propuestas y métodos cuya aplicación correcta puede contribuir de forma determinante al impulso y consolidación de procesos sostenibles de desarrollo. De forma deliberada, no nos hemos centrado únicamente en aspectos de política económica y productiva, sino que hemos adoptado un enfoque más amplio, centrado en el proceso global de desarrollo local sostenible. Es importante destacar que ninguna de estas actuaciones tiene una materialización inmediata sino que adquieren todo su potencial en el medio y largo plazo. En consecuencia, no es conveniente acudir a ellas en momentos de crisis sino, preferiblemente, en momentos de bonanza económica y social, cuando pueden realizarse mejor los ajustes y cambios necesarios para su implantación.

a) La existencia efectiva y omnipresente de una visión, planificación y gestión estratégica sobre el territorio local

Con demasiada frecuencia, las acciones para el desarrollo planteadas desde un territorio carecen de un proceso de reflexión previo sobre su viabilidad y oportunidad, y no se han insertado en una estrategia sostenible de desarrollo a largo plazo. Por este motivo los objetivos de desarrollo no se han definido adecuadamente y se afronta el futuro de forma reactiva y con grandes incertidumbres. Esta realidad impide, en muchos casos, concretar los beneficios de un proceso de planificación y que pueden resumirse en: la reducción de la incertidumbre en la toma de decisiones, el aumento de la racionalidad en las actuaciones, el aumento de la responsabilidad e implicación de los agentes locales en el proceso de desarrollo, y el estímulo de la participación en la toma de decisiones de la sociedad local. Para incrementar el éxito de los procesos de planificación estratégica pueden seguirse las siguientes recomendaciones: en primer lugar, priorizar lo importante sobre lo urgente o lo políticamente rentable; en segundo lugar, alcanzar un posicionamiento común respecto de los procesos y decisiones clave para el futuro del territorio; en tercer lugar, concretar estos acuerdos en procesos de planificación estratégica territorial desde el entorno local; en cuarto lugar, trabajar en la dimensión territorial más adecuada en cada caso (municipio, comarca, etc.); por último, no multiplicar procesos de planificación participativa que con frecuencia se solapan y generan un fuerte desgaste en los actores locales.

 

b) El empoderamiento de la sociedad local a través de modelos reales de democracia participativa

El modelo territorial de futuro sólo puede definirse de forma compartida y consensuada con los agentes del territorio. Esto implica la existencia de un compromiso a nivel político y, por tanto, la no apropiación por parte de ningún colectivo local. Por otro lado, debe existir un claro compromiso por parte de las principales instituciones y organizaciones del territorio tanto en el proceso de elaboración del modelo de futuro como en su posterior consecución. Para ello deben comprometerse los recursos adecuados en términos financieros, materiales, de conocimiento, entre otros. Esto incluye tanto a las instituciones públicas (gobiernos) como a las organizaciones sociales y económicas del territorio. Algunos autores destacan las bondades de los modelos participativos (Abeledo, 2009): en primer lugar, fomentar la cultura de la participación ciudadana y de la vertebración de la comunidad local; en segundo lugar, reducir el distanciamiento entre la Administración y la población, generando cauces de comunicación recíproca; en tercer lugar, promover la información, educación y formación social en el nuevo paradigma del desarrollo sostenible; en cuarto lugar, crear las condiciones para la concienciación, discusión y participación en la definición y creación de la comunidad deseada; por último, implicar a la comunidad local en el establecimiento de trayectorias de profundización en las prácticas democráticas, transformando el actual modelo de democracia representativa en uno de democracia participativa a través de la innovación social. Sea cual sea el modelo de futuro, es esencial avanzar hacia modelos de democracia participativa real en los que la actual desafección ciudadana con la política, de paso a fórmulas que permitan la participación permanente de la ciudadanía en la toma de decisiones, al menos de aquellas que tienen un carácter más estratégico.

 

c) Considera la función de estrategias territoriales basadas en la calidad y no necesariamente en el crecimiento

La apuesta por modelos territoriales basados en la competitividad a partir del coste de los medios de producción es cada vez más peligrosa. Como se ha mencionado, la globalización incrementa la competencia entre territorios a escala mundial, y siempre habrá territorios capaces de competir en precios y unidades de producción con mayores ventajas, especialmente si se quiere alcanzar un nivel decente de calidad de vida para la población. Todos los territorios poseen ventajas comparativas únicas que les permiten competir ventajosamente en algún aspecto. Por ello, ya existen experiencias de redes de territorios que optan por estrategias de calidad territorial, consistentes en el establecimiento de parámetros de calidad para los productos y servicios ofrecidos desde el territorio, desde un enfoque estratégico y consensuado por los principales actores socioeconómicos locales. Este modelo permite mejorar el posicionamiento competitivo de los territorios que lo adoptan, optimiza sus potencialidades y orienta la acción en una dirección común. En el ámbito de la Unión Europea, puede tomarse como referencia la red “calidad territorial” (www.calidadterritorial.com).

 

d) Pasar del gobierno tradicional del territorio a la gobernanza multinivel

El escenario actual de cambios acelerados, relaciones globales, competencia creciente, etc., hace necesario un nuevo modelo institucional que sea dinámico, flexible, desburocratizado, cooperante, tecnológico, descentralizado y territorial (Pike et al, 2002). En consecuencia, deben evitarse configuraciones institucionales desfasadas que se caracterizan por una elevada jerarquización, excesiva burocracia, compartimentación sectorial, descoordinación interdepartamental intra e interinstitucional, partidismo exacerbado, atomización y multiplicación de competencias que se solapan y, en ocasiones, se contradicen.

 

e) Eficiencia y eficacia en la acción

Una de las principales necesidades y objetivos de la acción de quienes toman decisiones es incrementar el conocimiento sobre el resultado de las políticas y programas implementadas. La ausencia de mecanismos de seguimiento y evaluación constituye una importante debilidad para la administración pública. El resultado es la reducción de la eficacia y eficiencia de la acción pública, con la consiguiente pérdida de recursos. En el caso de las políticas de desarrollo local, existen algunos principios que pueden contribuir a valorar la eficacia y eficiencia de una política o programa, y prestar mayor atención a los procesos de seguimiento y evaluación: (i) los programas que se gestionan desde el ámbito local incrementan la eficiencia en el uso de los recursos; (ii) a pesar de lo anterior, es importante mantener un mecanismo de coordinación por parte de instancias situadas en escalas territoriales de rango superior (estado, región); (iii) la promoción de la iniciativa y la inversión privadas, es un mecanismo adecuado para movilizar la economía local; (iv) es fundamental mejorar los canales por los que circula la innovación y el conocimiento y esto refiere, en la mayoría de casos, a mejoras en las redes productivas; (v) asimismo, es necesario mejorar los canales de información y asistencia técnica; (vi) se requiere el establecimiento de procedimientos efectivos de seguimiento y evaluación de las políticas de desarrollo que, en muchos casos, son insuficientes o están mal orientados

 

f) Optimizar la estructura y funcionamiento de las Administraciones Públicas Locales

Con frecuencia, los recursos disponibles en las Administraciones Locales se encuentran mal ubicados o no se ajustan a las cambiantes necesidades de gestión. Esta situación implica una importante merma de la eficacia y eficiencia en la acción. En estos casos, es imprescindible mejorar la estructura y organización interna de acuerdo con las necesidades de gestión y con la carga de trabajo real. Si no se cuenta con los recursos necesarios, debe procederse a la adquisición de las capacidades o competencias profesionales necesarias, mediante procesos de formación específica o contratación. Dada la configuración sectorial de las administraciones y la escasa o nula tradición de coordinación entre los departamentos de una misma institución, es conveniente establecer métodos y protocolos de comunicación y coordinación entre los distintos ámbitos de la gestión local. La Agencia de Desarrollo Local, tal como ha sido descrita en este trabajo, es un modelo que puede seguirse para la optimización de la estructura y funcionamiento de la administración pública local.

 

g) Integración en redes territoriales o temáticas

La literatura económica ha demostrado que las redes empresariales, en sus diversos formatos, favorecen el intercambio de conocimiento y experiencias, y mejoran los procesos de aprendizaje. Esta afirmación puede trasladarse, con las debidas precauciones, al ámbito de la administración pública y de los territorios. La inserción en redes territoriales o temáticas de los territorios, mejora las oportunidades de adquisición de conocimiento, la transferencia de experiencias y la difusión de innovaciones que pueden contribuir, notablemente, a la consecución de modelos de desarrollo más sostenibles (Vázquez Barquero 2002). Existen multitud de oportunidades vía proyectos y redes de cooperación que, en todo caso, deben sustentarse en estrategias de desarrollo comunes y no responder a acciones puntuales de intercambio que no derivan en cambios relevantes en los territorios.

 

h) Impulsar la función de las estructuras técnicas de desarrollo en el ámbito local

Como se ha dicho, las instituciones locales se estructuran de forma sectorial, como resultado de una larga tradición que entiende la gestión pública como un conjunto de ámbitos independientes de competencias que se yuxtaponen pero no se mezclan en lo fundamental. Este modelo atiende bien a problemas concretos y bien delimitados, pero fracasa rotundamente en la comprensión del territorio y la sociedad como un sistema en el que todas las variables están interrelacionadas y en el que es muy difícil establecer compartimentos estancos. En este contexto, se hace cada vez más necesario el establecimiento de estructuras de gestión transversales cuyo objetivo sea el territorio en su conjunto (Izquierdo Vallina 2002). Las administraciones locales han ido conformando estructuras de desarrollo local que atienden a este concepto pero que, en la práctica, tienen funciones mucho menos ambiciosas y, en todo caso, muy variables (Agencias de Desarrollo Local, Grupos de Acción Local, etc.). Sin embargo, se considera que este tipo de estructuras tiene el potencial de entender la acción pública de un modo sistémico y, en consecuencia, puede abarcar, potencialmente, un número importante de competencia, a saber: (i) la coordinación y el apoyo logístico y técnico a los órganos de gobierno, de participación y de asesoramiento; (ii) el impulso de actuaciones estratégicas del proceso de desarrollo (formulación del Pacto Local (compromiso) para el desarrollo local, constitución de los órganos de gobierno, de participación y de asesoramiento, y elaboración y gestión del plan estratégico de desarrollo); (iii) la movilización y mediación entre recursos locales y emprendedores; (iv) la integración de las políticas sectoriales (mejorar su eficacia y rendimiento, proponer estrategias puente y convenios para estimular la cooperación inter-administrativa, impulsar el diseño de planes y proyectos conjuntos, funcionar como “observatorio” de la realidad local); (v) la promoción de las redes locales de empresas (mejora de empresas locales y creación de mecanismos de cooperación para configuración de redes de empresas, apoyo a procesos de comercialización, calidad total, formación, fomento de nuevos productos, búsqueda de mercados, tramitación de permisos, etc.); (vi) la intervención social, animación sociocultural e innovación (intervención social para integrar colectivos y atender problemas de marginación o exclusión, animación sociocultural para dinamizar asociaciones que trabajan en el territorio, y promoción de la innovación para detectar e introducir novedades que contribuyan optimizar el uso de los recursos de desarrollo); (vii) captación de fondos y programas de desarrollo (es esencial diversificar las fuentes de financiación, pero enmarcándolas en los objetivos del PEDL, la gerencia debe ejercer la función de una oficina de proyectos para conseguir financiación para sus propuestas de desarrollo).

 

i) Actuar sobre el sistema productivo local

El ámbito local es el más adecuado para establecer estrategias que permitan adecuar la oferta de empleo y la cualificación de la demanda, con una visión prospectiva basada en la estrategia territorial. Para ello, deben utilizarse los recursos disponibles para contribuir a generar actividad económica y empleo más “sostenibles” (mejorar procesos, cualificaciones, orientaciones productivas, calidad y cantidad de los servicios disponibles para empresas y ciudadanos, etc.).

 

j) Buscar soluciones eficientes para la provisión de servicios

La progresiva concentración de la población en entornos urbanos cada vez más densos y el consecuente vaciamiento de una buena parte del territorio, suponen la consolidación de un modelo desequilibrado de ocupación del territorio que provoca problemas e ineficiencias tanto en los lugares de vaciamiento como en los de acumulación (Gómez Orea, 2002). El pequeño tamaño de los asentamientos rurales, junto con su elevada dispersión en un territorio amplio, inviabilizan la prestación de algunos de los servicios básicos más importantes (atención sanitaria y educación básica de calidad). La cohesión territorial y el futuro de muchos sistemas territoriales requieren de soluciones creativas para la provisión de servicios utilizando el ámbito territorial más adecuado para hacer viable y menos gravoso cada servicio básico. En este sentido, y dependiendo de la realidad territorial de la que hablemos, las agrupaciones de municipios, la prevalencia de ámbitos funcionales, u otras soluciones semejantes constituyen ámbitos idóneos para la provisión de servicios, el planeamiento estratégico y la cooperación.

 

k) Proyectar siempre como objetivo la mejora de la calidad de vida de la población

La mejora de la calidad de vida de la sociedad que habita un territorio es, sin lugar a dudas, el objetivo final que debe considerar cualquier actuación pública. Para ello es esencial una sabia combinación de todos los puntos anteriores en el marco de una estrategia de desarrollo territorial compartida por una sociedad empoderada que se reconoce como tal y que forma parte de un territorio de identidad. Y cuando una acción pública se desvía de este objetivo fundamental, pierde su sentido y su legitimidad, aunque en el corto plazo pueda parecer razonable e, incluso, conveniente.

Bibliografía consultada

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Joan Noguera Tur / Giu­seppe Scar­dac­cione – Ins­ti­tuto Inter­uni­ver­si­ta­rio de Desa­rro­llo Local. Uni­ver­si­dad de Valen­cia (España)

Joan.noguera@uv.es

www.iidl-valencia.es

www.locsus.com

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