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El riesgo ya no es lo que era

Para innovar hay que arriesgar. Se han escrito manuales enteros al respecto, tanto desde la perspectiva empresarial como desde la psicológica. Y el riesgo no es cosa de los gobiernos. Son las empresas privadas las que toman riesgos y, por tanto, las que impulsan la innovación. Y entre estas empresas, las tecnológicas o las farmacéuticas se llevan la palma en todas las clasificaciones.

Este “mantra”, tan bien instalado en el imaginario general sobre la innovación, es rebatido con rotundidad (esto es, con datos y ejemplos claros) por Mariana Mazzucato en el libro El Estado Emprendedor (RBA; 2014), fruto de su trabajo de investigación dirigido a “demostrar que el Estado no es un lento y conservador ente burocrático, sino todo lo contrario: es la organización más emprendedora del mercado y la que asume inversiones de mayor riesgo.”

Mazzucato analiza el papel de algunas de las principales agencias de investigación básica en los Estados Unidos y descubre cómo una gran parte de los productos más innovadores del mercado tienen su origen en los laboratorios (y por tanto, en los presupuestos) públicos. El caso paradigmático es el del iPhone, en el que todas las tecnologías que incorpora han sido creadas en la esfera pública. Lo mismo sucede en el caso de los medicamentos contra nuevas enfermedades.

La autora dirige su atención hacia el desmantelamiento del mito del estado que no asume riesgos y, sobre todo, muestra como grandes empresas, consideradas paradigmas de la innovación, asumen los mínimos. Hay que tener en cuenta que es la investigación básica, aquella que mayoritariamente realizan los centros públicos, la más costosa y arriesgada. Tampoco salen bien parados los fondos de capital riesgo, para los que demuestra cómo concentran sus inversiones en las etapas menos inciertas del proceso de innovación.

Su preocupación por esta tergiversación en el discurso sobre quién arriesga y quién innova en nuestra sociedad reside en el efecto negativo que tiene a la hora de plantear el destino de recursos a la investigación pública. Todo ello agravado por el escaso retorno que lo público obtiene de estas inversiones de riesgo que realiza: la mayoría de estas empresas terminan por desviar sus recursos desde la innovación hacia el marketing o incluso la recompra de acciones para subir su cotización; por no hablar de las que evaden impuestos, debilitando todavía más el sistema del que en realidad se nutren.

Pero las grandes empresas no sólo están intercambiando con el Estado su rol en la asunción de riesgos y dedicando sus recursos a otros menesteres menos productivos que la innovación. Mazzucato denuncia (aunque sin profundizar mucho en ello) que esa “cesión” del riesgo se está produciendo por otra vía: la de la burbuja emprendedora.

A los profesionales del desarrollo local esto ya nos toca más de cerca. El sueño de todo servicio de apoyo a emprendedores es impulsar proyectos innovadores de rápido crecimiento. El sueño de muchos de estos emprendedores es desarrollar con éxito su idea y venderla por una suma que les permita hacer cualquier otra cosa sin preocupaciones económicas. El sueño de toda gran empresa es tener a cientos, quizás miles, de personas cualificadas trabajando gratis para ella y poder comprar lo que surja de interés de este trabajo, en el que dichas personas asumen todos los riesgos, por una pequeña fracción del importe que hubieran tenido que dedicar a ello en el caso de hacerlo con sus propios medios.

Mazzucato, en las cuatro frases que dedica a este tema, nos obliga a poner en entredicho el paradigma de la innovación abierta, por ejemplo. O, por acercarlo todavía más a nuestro quehacer diario, nos da que pensar sobre uno de los proyectos estrella de cualquier servicio local de promoción económica que se precie en la actualidad: las aceleradoras de empresas.

Pensémoslo bien. En muy pocos años hemos pasado de incubar proyectos a acelerarlos. Las implicaciones de este cambio de chip son muchas y variadas. Pero pensemos en cuáles son los efectos de ello sobre el desarrollo local si, en lugar de contribuir a fortalecer nuestro tejido empresarial estuviéramos favoreciendo una nueva forma de socialización de riesgos y de apropiación por unos pocos de los beneficios.

Sprint2014

http://marianamazzucato.com/projects/the-entrepreneurial-state/el-estado-emprendedor/

En este enlace podréis ver la conferencia TED de Mariana, que versa sobre el tema.

http://www.ted.com/talks/mariana_mazzucato_government_investor_risk_taker_innovator?language=es

Oriol Estela — Jefe de la Ofi­cina Téc­nica de Estra­te­gias para el Desa­rro­llo Eco­nó­mico de la Dipu­tación de Barcelona

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