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La Smart City será innovadora o no será

Dejadme hacer un breve repaso a la evolución de lo que hemos visto hasta ahora de las smart cities:

Milano SC Expo 2015

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1. Las empresas globales de TICs inventan una etiqueta -Smart City- para abrirse un nuevo mercado: el de las ciudades.

2. ¿La idea debajo de esa etiqueta? Incorporar a las ciudades una plataforma tecnológica integrada que gestionaría la ciudad permitiendo mejorar la eficiencia en sus procesos.

3. La etiqueta consigue su cometido de marketing y las ciudades empiezan a contratar proyectos bajo la etiqueta “Smart City”. Eso ocurre en ciudades grandes medianas y pequeñas, y en todos los rincones del mundo desarrollado o en desarrollo.

4. La etiqueta ha tenido mucho éxito y se ha difundido extensamente. Los numerosísimos proyectos que se han promovido a su amparo, sin embargo, quedan bastante lejos de las expectativas prometidas. ¿Por qué? ¿Qué ha ocurrido? Hay varios motivos que pueden explicarlo:

  • Los promotores de la idea no conocen el complejo funcionamiento de una ciudad (aunque debemos suponer que, a estas alturas, empiezan a darse cuenta de ello) y, por lo tanto, tampoco saben cómo gestionarla.
  • Una plataforma integrada capaz de gestionar una ciudad sigue sin existir todavía a día de hoy.
  • Esas plataformas sí existen desde hace bastantes años para las empresas pero no se adaptan a una ciudad. Las diferencias entre ambos mundos son substanciales. En una empresa es un concepto simple el relacionar, por ejemplo, los pedidos de clientes con la gestión del almacén, la facturación y la emisión de pedidos a los proveedores. También es simple el concepto de organización de la producción. Digo que es simple. No, que sea sencillo. Pero sí se puede reducir fácilmente a diagramas de flujos que se pueden informatizar. En una ciudad, esa reducción de procesos a una diagrama de flujos es muchísimo más complicada por la diversidad de agentes que influyen en cada momento.
  • Por eso es por lo que los proyectos Smart de las ciudades que hemos visto hasta hoy son adaptaciones simples y bastante directas de la tecnología a problemas que las ciudades tenían pendientes de resolver. Son proyectos de control de riego, de adaptación de las recogidas de residuos dependiendo del nivel de llenado de los contenedores, de gestión del alumbrado o de gestión semafórica, etc.
  • Es decir que esos proyectos salen de plantearse preguntas como ¿podemos reducir el gasto en alumbrado público? o ¿podemos no regar cuando el suelo está húmedo? Problemas reales cuya solución genera mejoras en la eficiencia pero que quedan lejos de una plataforma integrada de gestión de la ciudad.

Y a todo esto, ¿a qué viene el título del artículo? os preguntareis. No sé si el título del post “La Smart City será innovadora o no será” os ha sonado raro o no. Pero la realidad es que, hasta ahora, la smart city está quedando huérfana de innovación. Es decir, no hacemos nada nuevo, nada que no estuviéramos haciendo hace muchos años. Eso sí, algunas cosas las hacemos mejor, más rápido o de forma más eficiente.

Es decir, haciendo un paralelismo con la informática, estamos en el momento del procesador de textos que nos permitió mejorar nuestros procesos de escritura, acelerarlos, archivar los textos, ahorrar borrones y ahorrar hojas de papel. Pero seguimos escribiendo como ya lo hacíamos durante siglos y, sobre todo, la literatura no ha progresado en absoluto gracias a la tecnología.

Luego entendimos que la tecnología no servía únicamente para mejorar los procesos conocidos sino que nos permitía hacer muchas cosas nuevas que eran imposibles sin la tecnología. A ese proceso le llamamos innovación y nos permitió añadir valor mediante nuevas ideas, nuevos procesos, nuevos usos de la tecnología. La Smart City está apenas iniciando ese proceso de innovación.

Es decir, disponemos de unas tecnologías muy potentes pero no sabemos cómo utilizarlas ni para resolver qué problemas ni cómo van a transformar el funcionamiento de las ciudades y, por lo tanto, la vida de sus habitantes.

Un artículo que he leído recientemente viene que ni pintado para ilustrar lo que os estoy contando. Se trata de Will a world of driverless cars be heaven or hell? El artículo plantea un sistema de transporte público del futuro conformado por vehículos de 6 plazas, que se desplazan sin conductor y que cada uno puede pedir a través de una app con su móvil. El sistema integrado será capaz de gestionar la flota distribuyendo los vehículos de forma que nos recojan allí donde estemos, nos depositen en el lugar al que vamos y hagan lo propio con otros pasajeros que se vayan incorporando durante nuestro recorrido. Esta propuesta es un salto disruptivo en el transporte público. Por supuesto, desaparecen no solo los autobuses o los taxis sino también los vehículos privados. Y este sistema sería el que complementase, en la superficie, al metro subterráneo.

Cambios profundos

Para quien piense que estamos hablando de un futuro a largo plazo, basta recordar las huelgas que estos días están llevando a cabo los taxistas españoles y europeos reclamando la prohibición de las aplicaciones de móvil que ponen en contacto conductores privados y clientes mediante aplicaciones de smartphone. La dificultad de poner en contacto conductores y viajeros ha desaparecido de un plumazo con los smartphones. Si puedo salir a la calle y llamar un coche compartido, va a ser un duro golpe al mundo del taxi que va a pasar a ser un servicio de lujo frente al transporte público (bus y metro) y al transporte compartido. La situación actual me recuerda, casi miméticamente, las protestas de las agencias de viajes, allá por el año 2.000, exigiendo a Iberia que no vendiera billetes de avión por internet. La tecnología permite nuevas posibilidades inexistentes con anterioridad que aportan ventajas a los usuarios y que, por otra parte, ponen en dificultades a otros agentes (los taxistas o las agencias de viajes) que se ven obligados a repensar su rol y a rediseñar los servicios que ofrecen.

Efectivamente, la innovación aplicada a las ciudades va a aportar cambios profundos en la vida de las personas. Y no sólo en el ámbito de la movilidad, sino que va a afectar también a las relaciones entre personas (atención a mayores, cuidado de niños, actividad comercial local o democracia ciudadana y , estoy seguro, a un sinfín de aspectos que ahora no podemos imaginar).

¿Y el rol de la administración en todo este proceso? Debe poner a disposición de la sociedad la información (datos) y las herramientas de que dispone y promover la aparición y la aplicación de ideas innovadoras puesto que, es a través de esas ideas como la ciudad va a ser el crisol en el que nazca la sociedad del futuro.

Alain Jordà — Experto en desa­rro­llo eco­nó­mico local, orien­tado a ciu­da­des y terri­to­rios de Lati­noa­mé­rica y Europa

http://ciudadinnova.blogspot.com.es/

1 Comentario

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  • Aitziber Martinez Tamayo el 19-01-2015

    Me ha encantado el artículo, sobre todo la parte en que se compara la situación legislativa actual de Uber con la situación del 2000 de iberia.
    A la vista queda que la tecnología va un paso por delante de las administraciones y, sobre todo, de la legislación de estas, pues ante una situación desconocida su primera opción es siempre prohibir en vez de tratar de regular en base a las necesidades y/o situación socio-económica actual. Esta es la asignatura pendiente que en un futuro (esperemos que no muy lejano) ha de resolverse.

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