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026-01-2015Krisia / Crisis

La apuesta por una nueva reindustrialización

Uno de los temas más importantes del debate actual frente a la crisis es el relativo a la necesidad de una reindustrialización de la base económica en el conjunto de las Comunidades Autónomas del Estado español lo que implica, de forma asociada, el fomento de valores y actitudes basados en el trabajo individual y colectivo como elementos sustantivos de valoración social y ciudadana.

Pero no se trata de recuperar (o salvar) cualquier forma de industrialización del pasado. La reindustrialización que se precisa debe afrontar el reto de la sostenibilidad, lo que supone una importante transformación -y progresiva eliminación- de las formas de producción contaminantes o degradantes, y su sustitución por procesos productivos y productos limpios. Las exigencias de la ecología industrial y la producción limpia implican, asimismo, un uso eficiente del agua, la energía y los materiales, así como una apuesta decisiva por las energías renovables.

Por otra parte, el sistema fiscal debe primar las formas de producción sostenible y penalizar a las empresas que siguen traspasando al conjunto de la sociedad los costes sociales y ambientales implícitos en sus procesos productivos.

Todo esto exige, por supuesto, una política decidida de educación ambiental entre los actores sociales y empresariales, así como entre el conjunto de la ciudadanía, tanto en lo relativo a la producción como en las formas de consumo, impulsando procesos de gestión de los residuos mediante la creación de iniciativas productivas y empleos verdes vinculados a estas actividades.

Todas estas actuaciones deben llevarse a cabo en sus respectivos ámbitos territoriales, ya que las actividades de producción o de consumo no tienen lugar en el vacío. Hay que superar, pues, la abstracción implícita en los análisis de carácter agregado que se refieren a la economía o a la industria “nacional” en abstracto, como si estas tuvieran lugar en un espacio homogéneo y abstracto.

No es posible abordar un esfuerzo colectivo como el que se sugiere en estas líneas sin contar con los diferentes territorios, entendidos no como espacio físico abstracto, sino como agentes organizados y conscientes (ciudadanos en el pleno sentido de esta palabra) que deben impulsar las diferentes iniciativas de transformación social, económica, ambiental, cultural e institucional, que se precisan.

La apuesta por una nueva industria verde requiere, por tanto, la vinculación de las políticas de innovación, de promoción económica y empresarial, la política fiscal, la política educativa y la de formación técnica o profesional, y la política energética, entre otras.

Hay organismos o instituciones cuyas funciones deben ser drásticamente reformuladas y, entre ellas, las universidades y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a fin de impulsar su inserción en los respectivos entramados sociales y económicos en los cuales tienen lugar las actividades productivas y de consumo. Si este potencial de conocimiento sigue desvinculado de la atención a las principales necesidades de transformación de las instituciones públicas o del tejido productivo y empresarial en cada ámbito territorial o local de nuestras Comunidades Autónomas, los resultados seguirán expresándose a través del desempleo extensivo y el derroche de potencialidades individuales y colectivas.

En definitiva, todo esto exige recuperar la Política con mayúsculas, esto es el oficio noble de la búsqueda de acuerdos colectivos para la mejora del conjunto de la sociedad, lo cual requiere transformaciones en la ley electoral vigente y en todo ese obsoleto marco institucional establecido a fines de los setenta del siglo pasado (esto es, hace casi cuarenta años), bajo una monarquía impuesta por la dictadura franquista, lo cual no puede seguir por más tiempo siendo el referente fundamental para conducir las transformaciones que la crisis actual requiere.

En estos días conocemos propuestas surgidas contra la corrupción llevada a cabo por responsables políticos, sindicales y otras personas vinculadas a la estructura de poder que se levantó en la transición española, en mi opinión, para auto-perpetuarse a costa de la democracia participativa. En ese sentido, me encuentro entre los que saludamos el aire fresco que supone la presencia de la nueva formación política PODEMOS, organización surgida del movimiento de los indignados en estos años atrás. Pero, como señalo en estas líneas, hay que cambiar las formas de producir y de consumir, y eso requiere un esfuerzo colectivo (y diferenciado) según regiones y ámbitos locales.

Fran­cisco Albur­quer­que –  Espe­cia­lista en Desa­rro­llo Eco­nó­mico Local

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