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017-11-2014Enplegua / Empleo

Los olvidados de Dios

Me resulta curioso ver cómo a pesar de la crisis y el sentimiento solidario que inundan los medios de comunicación, en la mayoría de las ocasiones, aquellos que defienden tales prebendas, no dejan de “arrimar el ascua a su sardina”. Así las cosas, tenemos voces, gritos y suspiros que reclaman atención para jóvenes, para emprendedores, para familias monoparentales, para discapacitados, para victimas de violencia de género,… y muchos otros.

Muchos otros,… si. Menos uno. Un colectivo silencioso que es precisamente el más grueso de las estadísticas de Lanbide. Gente, con las manos agrietadas, arrugas en la frente, poco pelo y mirada triste. Con una mochila llena de experiencias, anécdotas, puñaladas, escarceos y una espalda cansada de cargar camiones, sacos o tirar de pala en muchos casos. Fuman y hablan despacio; tal vez cansados de haber gritado más de la cuenta en un tiempo pasado, y sabedores de que poca gente ya les toma en cuenta. Aquellos que vieron al viejo partirse el lomo para llevar el jornal a casa y ellos siguieron su ejemplo; después de más de media vida recibiendo órdenes, se abocan al final de su vida laboral sentados en el sofá de su casa viendo tele-basura porque ya no les quieren para trabajar. La crisis les empujó desde la obra o el almacén al bar y de ahí, cuando se agotó el subsidio por desempleo, a recluirse en su propio cuarto para no soportar las miradas del vecindario.

Me refiero a los parados de larga duración de más de 50 años. Silenciosos, humildes, desorganizados, sin padrinos que les representen y carentes de recursos o ventajas “institucionales” para echarles un cable.

Mientras a todos se nos llena la boca anunciando subvenciones a los emprendedores, planes de empleo para jóvenes, y políticas de apoyo a la inclusión social de personas con diferentes tipos de dramas sociales y/o personales, ellos… permanecen olvidados.

No tienen trabajo, ni lo van a tener.

El mercado laboral es despiadado. Para nada neutral. Desde la perspectiva del empleador no es un trabajador atractivo. Especialmente si carece de formación o cualificación profesional y por ello, no tiene las mismas oportunidades que otros colectivos a la hora de insertarse nuevamente en este mercado. Ninguna empresa va a contratar a un desempleado de más de 50 años, si no es incentivada o condicionada, pudiendo contratar mano de obra más joven y cualificada física e intelectualmente.

Existen multitud de organismos, entidades y recursos que se ocupan específicamente de la problemática de exclusión social de diferentes colectivos como discapacitados, jóvenes víctimas de violencia de género, etc. Pero no existe actualmente ningún organismo ni línea específica de actuación para los parados de más de 50 años de larga duración. Tan sólo son nombrados como un colectivo más en riesgo de exclusión social en diferentes decretos de Lanbide.

Son los olvidados de Dios. Y de Europa y de España y de Euskadi y de mi pueblo.

En el caso concreto de la población joven ya se plantea desde la estrategia Europea de Empleo y la Estrategia Española de Activación para el Empleo 2014 – 2016 diferentes recursos y vías para combatir el desempleo juvenil. A modo de ejemplo el concepto de “·ni-ni”, hace referencia a los jóvenes menores de 24 años. Esta población además, al contrario que los mayores de 50, disponen de amplias posibilidades de formarse y mejorar así su grado de competitividad en el mercado laboral.

La cercanía a la finalización de la etapa laboral de su vida les sitúa en un riesgo efectivo y real de caer en el drama de la pobreza crítica y perpetua dado que su falta de cotización a la seguridad social les coloca en una tesitura de carecer en un futuro cercano de unas pensiones mínimas que les permitan mantener unas condiciones de vida digna.

Los efectos psicológicos de llegar a la vejez, después de toda una vida de trabajo, sin garantías de disponer de una pensión digna, excluido socialmente por no ser apto en el mercado laboral y sin ningún tipo de motivación o incentivo para su reinserción, no deben ser tomados a la ligera.

Por todo ello, es precisamente desde la dimensión local del empleo desde donde estos colectivos realmente pueden tener una vía de inserción a través de las cláusulas sociales y los planes de empleo municipales montados “ad-hoc” para ellos.

Son los ayuntamientos los que disponen en la gestión cotidiana del municipio, de los suficientes trabajos y áreas de mantenimiento apropiadas para que estas personas adquieran una experiencia laboral adecuada.

Hagamos algo. Que no hay nada peor para un adolescente que ver a su viejo abatido en la esquina de la cocina de la casa en la que un día ese mismo hombre lo lanzaba hacia el cielo con una inmensa sonrisa en la boca.

Roberto Martínez de Guereñu – Director del Departamento de Empleo del Excmo. Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz

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