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Garapenen bloga

Un nuevo relato para una nueva época (y una nueva legislatura)

A pocos meses de las próximas elecciones municipales, y con la salida real de la crisis todavía en un horizonte muy lejano, se antoja necesario pensar en cuáles van a ser las propuestas que deberán someterse a consideración de la ciudadanía, en particular, por lo que nos atañe, en materia de desarrollo económico local.

En mi anterior post planteaba la necesidad de ofrecer alternativas sólidas a nuestros alcaldes y alcaldesas ante la creciente presión por retornar a estrategias y proyectos demasiado afines a los que nos condujeron a la crisis. Para avanzar con paso firme debemos empezar repensando el relato de lo que representa la economía desde una perspectiva local.

En primer lugar, este nuevo relato debe forjarse sobre la recuperación del protagonismo de la sociedad en su conjunto en la economía, del mismo modo que se está planteando cada vez con más fuerza la recuperación del protagonismo de la sociedad en la política. Entendiendo que ambas, economía y política, son instrumentos al servicio de la sociedad y no a la inversa.

La impresión general que se ha ido imponiendo a lo largo del tiempo, y que se ha hecho más evidente en los últimos años, es la de la existencia de una esfera económica con unas reglas propias y fuera de la influencia de la sociedad, dirigida desde la sombra, por unas elites que consiguen que sea la sociedad la que esté al servicio de una economía que, en último término, está organizada para el beneficio exclusivo de quienes la dirigen.

Bajo este modelo (que, dicho sea de paso, se corresponde realmente con una parte importante de la economía) al grueso de la ciudadanía, a las pequeñas empresas e incluso a los gobernantes locales no les queda más que “padecer” los vaivenes de la economía y, en contadas ocasiones, sacar algo provechoso de ella.

Es tal la influencia de esta vertiente de la economía que tanto ciudadanía, como pequeñas empresas como gobernantes locales se instalan en una especie de Síndrome de Estocolmo, maniatados por unas reglas del juego económico que, sin embargo, sus propios comportamientos no hacen más que fortalecer.

Desde el punto de vista local, por tanto, es imprescindible cambiar esta visión de nuestro papel en la economía. El/la gobernante local, el/la aspirante a serlo, debe tener como una de sus obligaciones recordar que los ciudadanos y las ciudadanas somos los protagonistas principales de la economía, y que lo somos al menos desde tres perspectivas:

  • La determinación de nuestras necesidades. Si la economía es el medio para satisfacer nuestras necesidades a partir de los recursos (escasos) disponibles en nuestro entorno, entonces son las necesidades las que deben condicionar el funcionamiento de la economía. Que dichas necesidades sean reales o que sean fabricadas por la industria publicitaria es algo que se puede cuestionar y debatir en una comunidad. Que la prioridad sea garantizar la satisfacción de un nivel mínimo de necesidades para todos/as o que se tolere el lujo y el despilfarro en convivencia con la máxima privación, es algo que también se puede cuestionar y debatir en una comunidad. La educación para el consumo, vinculada a la competencia local de defensa de los consumidores, debe ser un instrumento importante para el desarrollo económico local.
  • La utilización de nuestros recursos. Los recursos son escasos tanto a nivel personal (para unos más que para otros) como para la sociedad en su conjunto (para unas más que para otras). Cómo se utilicen dichos recursos conformará una relación particular entre economía y sociedad. La responsabilidad del estamento político local sobre la utilización de los recursos colectivos es obvia, pero también lo es el proporcionar a los individuos elementos de juicio sobre el uso de sus recursos particulares. El tiempo es el primero y más importante de ellos. A qué dedicamos el tiempo es algo fundamental para nosotros, por supuesto, pero también para la economía y la sociedad. El dinero es posiblemente el segundo, aunque siempre se acabe anteponiendo al resto en nuestro imaginario, principalmente porque sirve para comprar el tiempo de otros o artefactos que nos permiten destinar tiempo a ganar ese dinero, aunque muchas veces de forma muy poco eficiente. Por otra parte, ¿somos conscientes de cómo pueden llegar a condicionar a la ciudadanía nuestras decisiones de consumo y de ahorro? Hay quien considera que nuestra capacidad de influencia en este ámbito es superior incluso a la de votar en las urnas. Y eso merece también cuestionamiento y debate en una comunidad y atención por parte de quien aspire a dirigir sus asuntos públicos.
  • La orientación de nuestras relaciones en comunidad. A partir de nuestras decisiones personales y colectivas sobre necesidades y recursos, ¿qué tipo de relaciones vamos a sostener entre nosotros y con el entorno para conseguir nuestros objetivos? ¿Se premiará el individualismo o la colaboración? ¿Vamos a promover la competencia o la cooperación? ¿Vamos a ser implacables, indiferentes, solidarios o compasivos con los que queden atrás? ¿Vamos a dar segundas y terceras oportunidades? Aspectos que forman parte de la Política con mayúsculas, que indiscutiblemente también deben y pueden ser cuestionados y debatidos en una comunidad y en el marco de la elección de los futuros equipos de gobierno local.

Haciendo un repaso, aunque sea confiando en la memoria y con poco rigor, sobre los temas habituales de debate en unas elecciones locales, queda claro a la luz de esta primera relación que existe un amplio margen para renovar ideas y discursos de cara a buscar la implicación de la población local en un futuro mejor para nuestros municipios. Los y las profesionales del desarrollo económico local también tenemos cosas que decir al respecto.

Oriol Estela — Jefe de la Ofi­cina Téc­nica de Estra­te­gias para el Desa­rro­llo Eco­nó­mico de la Dipu­tación de Barcelona

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