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Garapenen bloga

Eso que tanto molesta

Ya he comentado en otras ocasiones los distintos factores que determinan el éxito o el fracaso de una innovación disruptiva. Factores que actúan como criterios en el proceso que denominamos Determinación del Momento de Entrada. Sin embargo, todos ellos están casi siempre dirigidos a innovación externa, es decir destinada a un mercado y que, en última instancia, nos hablan de un nuevo producto o un nuevo modelo de gestión comercial.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la innovación es de carácter interno?, ¿qué determina su éxito o fracaso?

Hablamos de innovaciones referidas casi siempre a procesos y con una repercusión incremental aunque sin descartar las radicales o disruptivas. Innovaciones que afectan a las personas que trabajan en la organización y que, casi siempre, llegan desde arriba.

¿Es posible hablar de Momento de Entrada? ¿Existen criterios fiables para establecer su determinación? Por supuesto, de lo contrario no cabría hablar de organización inteligente que aprende a partir de la experiencia.

Sin embargo, estos factores – criterio se diferencian sensiblemente de aquellos que actúan en el caso de las innovaciones externas, no tanto en cantidad, sino en cualidad. Al menos debemos establecer dos grandes categorías: factores cognitivo – tecnológicos y factores emocionales.

Los factores cognitivo – tecnológicos son sencillos de deducir. Son aquellos que nos hablan del nivel de competencias de la organización para asumir el desarrollo de la innovación, el grado de conocimiento tácito y explícito que debe convocarse en el cambio, las necesidades de tecnología madura de soporte, etc. En cualquier caso, estos factores pueden variar en su contenido dependiendo de la naturaleza específica del cambio que se propone.

Los factores emocionales, por el contrario, son permanentes no varían dependiendo de la casuística específica. Son factores “duros” en el pleno sentido de la palabra, duros de conseguir en un nivel aceptable, duros de mantener, duros de confirmar en su existencia y grado, en una palabra, la clave del éxito o el fracaso de las innovaciones internas. Estos factores pueden considerarse también “ambientales” en tanto en cuanto “flotan en la atmosfera de la organización”. Son parte del ADN de la organización y condicionan para bien o para mal su futuro. Sí, efectivamente, hablamos de “eso”.

  • Tolerancia a la Incertidumbre y capacidad de convertirla en oportunidad.
  • Intolerancia a la molestia.
  • Cohesión e identificación con un proyecto común.
  • Empatía y perseverancia.
  • Flexibilidad y capacidad de integración en redes de trabajo.
  • Alta competencia en la gestión del conocimiento tácito y su conversión en valor formal.
  • Firme creencia en el principio de que en un equipo perdedor no hay ganadores.
  • Firme creencia en el principio de que en un equipo ganador no puede haber perdedores.

“Eso” que, tarde o temprano, acaba aflorando para fastidiar la fiesta. Pero, así son las cosas. La Innovación es un acto humano y, como tal, es complejo.

José Luis Mon­tero — Con­sul­tor Aso­ciado de CEINSA.

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