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Hablemos en serio de crecimiento económico

A mediados de las años cincuenta del siglo pasado, Simon Kuznets, economista nacido en la ciudad ucraniana de Jarkov y que emigró posteriormente a los EEUU, llevó a cabo un minucioso estudio cuantitativo sobre la época que el llamó del “capitalismo económico moderno”, entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XX, con el fin de presentar una perspectiva general en torno al crecimiento económico, analizando las repercusiones que sobre el mismo muestran los movimientos de la población, las desigualdades de renta, los cambios en la estructura productiva, y los procesos de industrialización y urbanización, con los consiguientes cambios en las formas de vida y valores que todo ello conlleva. De este modo, Kuznets pretendía mostrar los diferentes modelos de crecimiento y la existencia de políticas alternativas en la búsqueda del mismo. Kuznets, quien fue profesor en la Universidad de Harvard, es fundamentalmente conocido por su extraordinario trabajo empírico y su intento de establecer las bases para elaborar una teoría sobre el crecimiento económico, un trabajo que le valió el reconocimiento internacional al recibir el Premio Nobel de Economía en 1971.

En su artículo titulado “Hacia una teoría del crecimiento económico”, publicado en 1955, Kuznets parte del hecho de que las explicaciones de la teoría económica liberal, que habían prevalecido durante el largo periodo anterior, se encontraban ante un cuestionamiento importante, ya que la evidencia mostraba que la expansión internacional de capitales y la consiguiente división internacional del trabajo, no habían llevado consigo la expansión de los beneficios del progreso económico por todo el mundo, tal como predica dicha teoría. Se requería una intervención inteligente desde el Estado para establecer mecanismos de regulación suficientes desde las diferentes políticas públicas, así como incentivos necesarios para impulsar la industrialización, el crecimiento y el empleo en las diferentes economías.

Para Kuznets, detrás de las cifras del producto o renta (total o por habitante) existen diferencias, a veces muy notables, en la estructura productiva de los diferentes países, en el grado en que han introducido innovaciones tecnológicas y sociales, en el acceso a la salud, educación y vivienda de su población, y en el conjunto de sus valores culturales predominantes. De modo que la simple referencia a la evolución de los indicadores de producto o renta por habitante no puede ocultar las diferencias de calidad en todos los aspectos sustantivos del crecimiento económico.

Entre los elementos del producto (o de la renta) total de un país conviene distinguir, al menos, los siguientes:

  • Los diferentes sectores en los que se origina el producto.
  • Las corrientes de renta (sueldos, salarios, ganancias empresariales, dividendos, intereses del capital, etc.) que remuneran a los diferentes factores productivos involucrados, esto es, trabajo, propiedad del capital y empresas.
  • El origen de la renta según se trate de empresas particulares, sociedades industriales, cooperativas de producción, empresas públicas, gobiernos, etc.
  • La distribución de la renta según la cuantía percibida por hogares o grupos sociales.
  • La distribución de la renta nacional entre la parte que se destina al consumo de las personas y la que se dirige a la formación de capital.
  • La distinción entre la producción fabricada y consumida dentro del país y la parte de la producción que es objeto de comercio internacional (importaciones y exportaciones).

Todo estudio sobre el crecimiento económico, según insiste Kuznets, requiere tener en cuenta todos estos elementos componentes del producto o renta durante un periodo suficientemente largo para observar las variaciones en los mismos.

Del mismo modo, las relaciones entre los cambios en la estructura productiva, el avance de la urbanización, los cambios en la organización económica y social, el aumento de la población y los cambios en las formas de consumo y ahorro, son factores clave para comprender el proceso de crecimiento económico. Como insiste Kuznets, el avance hacia el crecimiento económico no consiste sólo en la acumulación de capital material, sino en la transformación completa y radical de sus formas de vida y del estatus y poder relativos de los diversos grupos que integran su población. En otras palabras, progresar hacia niveles más elevados de renta por habitante presupone un cambio revolucionario en muchos aspectos de la vida, para lo cual debe haberse vencido la resistencia ofrecida por una serie de intereses y valores establecidos.

La acumulación de capital es un factor importante en el crecimiento económico. De no existir inversiones importantes en infraestructuras, centrales eléctricas, máquinas herramientas, altos hornos o bienes de equipo capital, no sería posible sustentar el proceso de crecimiento económico. El concepto de formación (o acumulación) de capital se refiere a la parte del producto total que se destina a ampliar la capacidad productiva de futuro de una economía, lo que deja fuera a los recursos naturales no reproducibles, los cuales constituyen, igualmente, un factor fundamental del crecimiento económico[1]. Pero el progreso técnico no sólo consiste en inventos e innovaciones que requieren grandes inversiones de capital, sino también un conjunto de cambios y mejoras cuyo efecto acumulativo puede llegar a ser muy importante en términos de aumento de la producción. El principal activo de capital de las sociedades avanzadas no es tanto su equipo material, sino el conjunto de sus conocimientos obtenidos a partir de los hallazgos que permiten las ciencias empíricas y la capacidad y destreza de la población para utilizar eficazmente dichos conocimientos.

De este modo, las inversiones esenciales son las que se realizan en las personas, que son los agentes activos de la sociedad. Como señala Kuznets, si no tenemos en cuenta estas inversiones sociales esenciales y consideramos únicamente los flujos materiales, el concepto de capital resulta demasiado estrecho para el análisis del crecimiento económico. Así pues, es necesario añadir al concepto de formación de capital aquellos gastos corrientes que influyen en el incremento de la producción futura, como son los gastos en educación, formación profesional, mejora de la salud y calidad de vida, entre otros, ya que contribuyen de forma importante a aumentar la productividad de la población ocupada.

Por otra parte, hay que aludir también a la propensión al ahorro existente en una determinada sociedad o territorio, y al destino de dicho ahorro hacia inversiones de carácter productivo, lo que implica la existencia de instituciones sociales y financieras adecuadas para evitar la orientación del ahorro hacia aplicaciones financieras de carácter especulativo, movidas exclusivamente por la obtención de ganancia de corto plazo en desmedro de las inversiones que incrementan el capital productivo y el empleo. Tal como señala Kuznets, sin una organización institucional apropiada que sustituya la lógica de la mera obtención de ganancias financieras, parte del ahorro puede impedir la formación de capital, o puede que parte del mismo sea invertido de una manera que no resulte ser la óptima para el crecimiento económico.

Así pues, la existencia de un stock de capital material es una condición necesaria pero no suficiente para el crecimiento económico. Son mucho más importantes, en una visión retrospectiva de la experiencia del crecimiento de los países desarrollados durante estos dos siglos pasados, las características económicas y sociales que residen en las capacidades y en la formación de la población, las cuales determinan la eficacia de las instituciones que rigen la utilización del capital material acumulado, y conducen al producto corriente hacia los canales adecuados de consumo e inversión de capital. Estos factores de carácter cualitativo hacen que el crecimiento económico no pueda reducirse a un simple tema de ampliación del stock de capital material, como si este fuera el factor estratégico del proceso. El crecimiento económico es, sobre todo, un proceso de inversión social e institucional, lo cual cuestiona el uso mezquino de dicho concepto en la versión habitual que del mismo tienen quienes lo reducen a un mero incremento del indicador del producto o renta. Es como renunciar al análisis de la situación real de un paciente limitándose a mostrar únicamente su temperatura o fiebre corporal.

Quizá haya que insistir en que el aumento de conocimientos científicos de carácter aplicado ha sido, sin duda, el elemento que ha permitido sustentar el importante proceso de crecimiento económico moderno. Las condiciones sociales e institucionales en que tiene lugar esta producción de conocimientos aplicados son muy diferentes según países o territorios, y el grado y la forma de vinculación de las personas que se dedican a la investigación y desarrollo (I+D) con las que están ocupadas en la actividad productiva real, ya sea en la empresa privada, en la función pública o en las actividades cooperativas, en sus respectivos ámbitos territoriales o sectoriales, son un aspecto crucial para asegurar la introducción de innovaciones en el tejido productivo y empresarial (I+D+i).

De otro lado, en el análisis de las adaptaciones internas de una sociedad a su potencial de crecimiento es preciso superar la visión estática de los modelos habituales de la teoría económica convencional, ya que se trata de incorporar la dinámica de los actores socioeconómicos y su incidencia en el proceso de crecimiento económico, aludiendo asimismo al contexto socio-institucional e histórico de cada caso concreto, a fin de indagar las relaciones existentes entre ellos. Particular importancia tienen, pues, el papel de los diferentes gobiernos en la regulación de la actividad económica, laboral y social; la localización productiva territorial y la función del sector empresarial en el sistema económico; la distribución personal y territorial de la renta; la evolución de la población y los movimientos migratorios; la propensión al ahorro y el consumo; y el carácter de las instituciones financieras y su función facilitadora de la acumulación de capital productivo, entre otros componentes básicos del crecimiento económico de un país o región.

En todos estos aspectos debe advertirse la existencia de cambios estructurales que alimenten u obstaculicen el proceso de crecimiento económico. Este tipo de análisis tiene, desde luego, menos posibilidades de ser objeto de una cuantificación precisa, pero resulta insustituible para poder captar la evolución del proceso de crecimiento económico. La inclusión de las instituciones económicas y sociales que inciden en el crecimiento económico debe incorporar igualmente las relaciones con el contexto externo, ya que éste influye en el proceso de adaptaciones internas que conlleva el crecimiento económico o, dicho de otra forma, evidencia las relaciones existentes entre los diferentes elementos hasta aquí citados que intervienen en la teoría del crecimiento económico.

Todas estas consideraciones precedentes muestran claramente la necesidad de incorporar un punto de vista multidisciplinar (esto es, no solamente económico) para abordar el análisis del crecimiento económico, dado que éste remite a conocimientos en los campos de las ciencias sociales y humanas, la ecología y las ciencias naturales. Algunas de estas disciplinas estaban, en el momento de las primeras formulaciones de la ciencia económica, en la segunda mitad del siglo XVIII, en un estado embrionario, aunque con posterioridad, han conocido avances muy sustantivos (como lo muestra, por ejemplo, el conocimiento acumulado en la ecología y el medio ambiente, entre otras disciplinas) que obligan a revisar muchos de los primitivos planteamientos de la teoría económica convencional aún vigentes en el imaginario colectivo, hecho éste que se explica –en mi opinión- mucho más por su funcionalidad con la estructura de poder prevaleciente, que por su pertinencia y racionalidad científica. En cualquier caso, me parece que es hora de hablar algo más en serio del crecimiento económico y no reducir dicho proceso a meros indicadores superficiales del mismo.

Francisco Alburquerque, Especialista en Desarrollo Económico Local


[1] En la época en que escribe Kuznets la sensibilidad sobre la importancia de los temas medioambientales en la reflexión entre economistas era muy limitada o inexistente.

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