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Un doble giro conceptual para las políticas de desarrollo económico local

El modo de producción capitalista se ha caracterizado, desde sus inicios, por una alta capacidad de transformación del territorio y de las formas de vida. Y lo ha sido de una forma especialmente intensa en las últimas décadas, en las que podemos afirmar que precisamente la transformación del territorio se ha convertido en el principal motor de desarrollo económico en nuestro entorno.

Desgraciadamente tuvo que estallar la crisis para que se adquiriera conciencia de la necesidad de moderar el ímpetu transformador, algo que se han encargado de hacer realidad las restricciones financieras que la propia crisis ha impuesto. Sin embargo, observamos como, debido a la persistencia y dureza de la crisis, los argumentos de preservación del territorio y el medio ambiente, o incluso la alerta respecto a los efectos sobre la desigualdad social en caso de recuperar el modelo pre-crisis se tambalean cada vez más ante cualquier proyecto en el que se adivinen posibilidades de creación de empleo. De cualquier tipo de empleo. Lo ocurrido con Eurovegas es paradigmático de algo que ya viene sucediendo con proyectos de menor repercusión mediática y que se prevé que pueda reproducirse frecuentemente en el momento en el que los capitales especulativos vuelvan a la carga.

Ante este panorama, la presión sobre los gobernantes locales es intensa y la simple promesa, con mayor o menor fundamento, de creación de puestos de trabajo coloca a aquellos con la responsabilidad de autorizar determinados proyectos en una posición muy difícil, no sólo por la naturaleza de la decisión a tomar, sino también por la reacción de parte de la población e incluso, a veces de manera bastante oportunista e insolidaria, por parte de algunos de sus colegas en la tarea de gobernar un municipio.

Si no queremos, por tanto, que nuestros alcaldes y alcaldesas se vean constantemente tentados en los próximos años a aceptar proyectos que responden a estrategias de desarrollo económico local de “fuga hacia delante” en el modelo caduco que nos ha llevado a la crisis, debemos ser capaces de plantear alternativas sólidas, y en cierta medida inmediatas, a las que puedan apelar. Alternativas que quizás no ofrezcan una única y contundente solución a la crisis, ya que resulta quimérico, hoy por hoy, pensar en recuperar las empresas y los puestos de trabajo perdidos en estos años, ni a corto ni a medio plazo. Pero sí alternativas que abran nuevas vías tanto para la satisfacción de las necesidades de las personas como para la transformación del propio modelo de desarrollo.

Ello exige afrontar el problema de la caída de la actividad económica y del crecimiento desorbitado del desempleo de manera diferente a cómo se ha hecho hasta ahora. Se impone, pues, un doble giro conceptual en nuestras políticas.

Por el lado estrictamente económico, debemos plantear una mayor anchura de miras a la hora de considerar la Economía, ya que en la actualidad actuamos desde los servicios de promoción económica y empleo con un objetivo fundamental: ayudar a las personas a conseguir una renta para la satisfacción de sus necesidades. Ello no es lo mismo que ayudar a las personas a encontrar vías para satisfacer sus necesidades. Es aquí donde se abre espacio, por tanto, para incorporar definitivamente a nuestras políticas la que en un artículo anterior denominé la “dimensión olvidada” del desarrollo económico local, con las fórmulas de Economía Social y Solidaria al frente.

Por el lado del binomio economía-territorio, es evidente que el estallido de la burbuja inmobiliaria ha supuesto (y en cierta manera impuesto) un cambio desde la concepción expansionista del desarrollo urbanístico y su vinculación con el crecimiento económico hacia otra más orientada a la optimización de la urban fabric ya existente.

Así pues, nuestras miradas se dirigen cada vez más hacia aquellos espacios actualmente inactivos que, o bien se encontraban a la espera de definir su uso o bien tenían un uso definido, o incluso un proyecto concreto en proceso de ejecución, pero que ha quedado en suspenso por falta de medios o de expectativas para su activación.

La existencia de estos espacios vacantes o en desuso supone un coste de oportunidad para sus propietarios y para la sociedad en general (en especial en el caso de espacios de titularidad pública), como también unos más evidentes costes en términos de mantenimiento o degradación de la imagen urbana, entre otros. Es por ello que observamos la proliferación de iniciativas y de proyectos, tanto desde instancias públicas como privadas y, de manera muy relevante, de la sociedad civil para proporcionar usos, aunque sea de carácter temporal, a estos espacios: Zaragoza, Huesca o Barcelona son algunas de las ciudades que cuentan con estas iniciativas.

Por el momento, no obstante, son pocas las ciudades que han adoptado una estrategia específica alrededor de esta cuestión. Muchas de las iniciativas responden a impulsos para dar respuesta a problemas puntuales, pero la falta de una estrategia global resta potencial a lo que podría ser un instrumento más de apoyo al desarrollo económico local.

Así, por ejemplo, la disponibilidad de suelo en zonas urbanas y periurbanas ha despertado el interés por la creación de huertos, genéricamente denominados “urbanos”; unos espacios que están transitando desde las finalidades originalmente lúdicas hacia una mayor dedicación a usos sociales, terapéuticos e incluso vinculados con la empleabilidad. Es una respuesta que advertimos en estos momentos que se reproduce de forma mimética en nuestros municipios y que podríamos considerar hasta cierto punto coyuntural, pero que abre la puerta a impulsar el debate y las iniciativas sobre una verdadera estrategia de agricultura urbana, coherente con los discursos de la soberanía alimentaria y el mayor respeto ambiental del consumo km.0, siguiendo la estela de ciudades como Viena o Toronto.

 Debemos fijarnos también en los espacios vacantes vinculados con la principal actividad económica urbana, el comercio minorista. A las transformaciones en el tejido comercial urbano provocados por la irrupción de las grandes superficies y centros comerciales, primero, y el comercio franquiciado posteriormente, se une ahora el impacto de una crisis que no sólo amenaza la supervivencia del menguado comercio tradicional, sino que ha supuesto el cierre de todo tipo de negocios situados en locales a pie de calle: desde sucursales bancarias a agencias inmobiliarias. La tarea urgente se centra en frenar la espiral de abandono y degradación de estos locales, y es por ello que surgen proyectos de cesión temporal de estos espacios a coste reducido a start-ups, artistas u organizaciones del ámbito social o cultural con el fin de que mantengan el pulso vital de los locales y, por extensión, de los ejes comerciales y los centros urbanos en general. Es una oportunidad, por otra parte, para retornar una cierta identidad propia e imprimir un carácter más diverso a unas zonas urbanas que venían perdiendo personalidad a pasos agigantados.

Un tercer ámbito de recuperación para el desarrollo económico local de estos espacios vacantes lo configuran el suelo/techo industrial y de servicios, en dos modalidades: los polígonos de actividad económica desertizados y las industrias urbanas desplazadas. En el primer caso poco más puede hacerse que confiar en una política industrial decidida que, entre otros aspectos, contribuya a hacer de muchos de estos espacios algo más que eriales a la espera de urbanización, y se doten de los servicios necesarios para las necesidades actuales del sector productivo.

 Los espacios productivos abandonados en el tejido urbano, en cambio, proporcionan un mayor campo de actuación para las políticas de desarrollo económico local, ya que ofrecen la oportunidad de la reinvención de la industria urbana (ver los posts de Alain Jordà al respecto hace unos meses). Más allá de los catalogados como “distritos tecnológicos”, es evidente que la exploración y la experimentación del potencial que supone la asunción de un nuevo modelo energético y las nuevas técnicas y tecnologías productivas industriales “domésticas” y ultraflexibles (industria de código abierto, impresoras 3D, etc.), que se apuntan como la próxima revolución en el sector, confieren nuevas oportunidades a la convivencia entre producción y residencia.

Una vez más, las iniciativas puntuales y aisladas tienen su valor, pero lo que se impone es una reflexión más general que nos empuje a considerar este tipo de estrategias dentro de las políticas de desarrollo económico local para dotarnos de un abanico más amplio de opciones y hacer que sean éstas las únicas “apuestas” aceptables para la generación de actividad económica y empleo y, en definitiva, la satisfacción de las necesidades de la ciudadanía.

Oriol Estela – Jefe de la Oficina Técnica de Estrategias para el Desarrollo Económico de Diputación de Barcelona

1 Comentario

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  • Un nuevo relato para una el 13-10-2014

    […] mi ante­rior post plan­teaba la nece­si­dad de ofre­cer alter­na­ti­vas sóli­das a nues­tros alcal­des y […]

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