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Garapenen bloga

No hay que confiar en nuestra genética industrial

El código genético de la sociedad no existe. A menudo nos atrevemos a decir que tenemos una manera de ser colectiva, propia de nosotros, que es invariable. Esto se utiliza para argumentar posicionamientos, actitudes, comportamientos e, incluso, Políticas. “Somos y hemos sido de esta manera, y por lo tanto…”.

A lo que me estoy refiriendo es a que a menudo se menciona que la sociedad vasca ha sido emprendedora, y que a lo largo de la historia en cualquier lonja de cualquier municipio se montaba un taller y que esa capacidad de iniciar nuevas actividades es muy propia de nosotros/as. Y soportado sobre este planteamiento se mantiene la esperanza de que la actividad industrial remonte el vuelo depositando la esperanza en que sabremos “montar talleres”.

Nos refugiamos en que hemos sido de una manera y en que seguiremos siéndolo, y esto ya no es cierto. No niego que tengamos capacidad de generar nuevas iniciativas empresariales, y de que seamos capaces de desarrollar nuevas ideas de negocio, pero quiero subrayar que el sector industrial, y más en concreto, la producción industrial no permite que se crean empresas proveedoras de productos impulsadas por personas emprendedoras con débil capacidad financiera.

Lo que vengo a afirmar es que este sector productivo está reservado a inversores, grandes inversores, que lo que hacen no es poner en marcha su propio puesto de trabajo, sino que bajo ratios de rentabilidad financiera compran o crean nuevas empresas. Aquello de montar un taller de fabricación entre varios compañeros ya no es posible. En esta idea no incluyo las actividades de provisión de servicios, que es un abanico muy amplio, y que siempre serán necesarias. Las actividades de mantenimiento, de diseño, de asesoramiento, de venta, etc… no tienen el acceso cerrado a pequeños emprendedores. Pero de la misma forma que existen Grandes fondos de inversión reservados para unos cuantos, el sector productivo industrial también está reservado para unos cuantos.

Esto debe entenderse así para que no nos hagamos falsas esperanzas, y para que, esto es lo importante, las políticas de reactivación industrial lo tengan en cuenta. Las empresas pequeñas existentes se encuentran en una situación muy débil, y esta debilidad es aún mayor para quien se quiere incorporar. Para cualquier empresa de producción industrial que maneja con solvencia las tecnologías propias es muy difícil identificar nuevos productos y afrontar las inversiones que los nuevos cambios acarrean. Más aún si tenemos en cuenta que estos nuevos productos deben aportar mayor valor añadido, es decir, exigen equipamientos punteros y mayor conocimiento.

Así pues, la reactivación del sector industrial precisa de mecanismos de financiación muy solventes que hoy en día no existen, y  de grandes inversores que no están siendo llamados de manera atractiva para hagan lo que saben hacer en este sector y en este territorio. Esto si es Política Económica en letras grandes, y no eso de reducir gastos y esperar a que los/as alumnos del Instituto de Formación Profesional de la Comarca monten su taller, y si las cosas no salen bien, decir que vivimos por encima de nuestras posibilidades y que el sistema educativo no resuelve los problemas existentes.

Augusto Uriarte – Director de Durangaldeko Behargintza.

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