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La dimensión olvidada del Desarrollo Local

I sympathize with those who would minimize, rather than those who would maximize economic entanglements among nations. Ideas, knowledge, science, hospitality, travel – these are things that of their nature should be international. But let goods be homespun wherever it is reasonable and conveniently possible, and above all, let finance be primarily national[1]. 

John Maynard Keynes (1883-1946)

La situación de crisis económica está obligando a repensar, entre otras muchas cosas, las estrategias y fórmulas de intervención pública en prácticamente todos los ámbitos de la economía y la sociedad. Las políticas e instrumentos de desarrollo económico local no son una excepción. Al contrario, se les debe reclamar un protagonismo creciente en la consecución de una economía más justa, más sostenible y más acorde con su función de satisfacción de las necesidades de las personas. Una economía, como manifestaba E.F. Schumacher[2], en la que las personas y el entorno importen.

Pero, ¿cómo se conseguirá? ¿cuáles son los pilares fundamentales con los que se cuenta para conseguirlo? Señalaremos tres que consideramos clave.

En primer lugar, se dispone ya de un bagaje sustancial en el desarrollo de políticas de apoyo a la actividad económica, en especial en el campo de la emprendeduría, que incluye instrumentos muy diversos: desde la introducción de los valores emprendedores en la escuela hasta los viveros de empresa, pasando por unos equipos técnicos bien cualificados para acompañar a las empresas en sus primeros pasos y más allá. Es esta profesionalización de las estructuras que prestan apoyo a las empresas y que trabajan codo con codo con ellas una señal de madurez, entendida tanto desde el punto de vista de la consolidación de las políticas de promoción económica en las agendas municipales como de la necesidad de repensarlas para tender a la incorporación de un mayor carácter estratégico y un mayor valor al apoyo prestado.

En segundo lugar, en estos últimos años ha irrumpido con fuerza el concepto de innovación en las políticas locales dirigidas a la actividad económica, que ha conducido incluso a la creación de concejalías específicas. Una preocupación por la innovación – y por conceptos relacionados, como creatividad o talento- que seguramente se ha manifestado más hacia fuera (en el apoyo a la innovación empresarial) que puertas adentro (innovación en la propia administración local), pero que resulta un buen punto de partida para encarar los nuevos tiempos con los aires de renovación que requiere la salida de la crisis.

Y, en tercer lugar, el otro aspecto emergente, en especial en este período de crisis, ha sido el de todo aquello que se puede calificar como “social”: economía social, responsabilidad social, emprendeduría social… y también innovación social. Lo social que aparece, por tanto, en el discurso, pero que todavía resulta incipiente en las prácticas, empeñadas en subordinarlo a lo económico en general y a lo mercantil en particular.

Capítulo aparte merece el tratamiento de la sostenibilidad ambiental dentro de las políticas de desarrollo económico local, que en tiempos de crisis se ha querido articular alrededor de la denominada “Economía Verde”; un término que ha hecho fortuna pero que en la práctica recoge poco más que el fomento de las energías renovables y las inversiones y puestos de trabajo que éstas pueden generar. Un aspecto clave, efectivamente, para la sostenibilidad, pero insuficiente si lo que se quiere es ir más allá y afrontar un verdadero cambio de paradigma en el desarrollo económico. Dicho en otras palabras: la Economía Verde no puede ser planteada como “una economía sectorial” o un “yacimiento de empleo” más; no puede basarse en el desarrollo de unas actividades concretas que pueden etiquetarse como “verdes”, sino que debe ser el núcleo vertebrador del cambio de modelo productivo que tanto se ha reclamado, pero que corre el peligro de ir desapareciendo de la agenda de prioridades si no se actúa desde ya mismo con convicción y voluntad transformadora.

Es precisamente una mirada más abierta sobre la economía la que consideramos el núcleo vertebrador de las políticas de desarrollo económico local de cara al futuro. Si lo local se caracteriza por la diversidad, la flexibilidad, la capacidad de adaptación a unas circunstancias específicas, no tiene ningún sentido seguir anclados en una visión restrictiva de los conceptos vinculados al desarrollo económico. Esta “estrechez de miras” se da ya desde la identificación de desarrollo con crecimiento económico, hasta la asignación en exclusiva del carácter emprendedor a aquello que conduce a la creación de una empresa o a la consideración del empleo con valor mercantil como el único trabajo económicamente relevante.

En este sentido, debemos considerar que una estrategia de desarrollo local debe atender a tres dimensiones debidamente articuladas:

  • La dimensión que podríamos denominar de participación local en el desarrollo económico global, que significa entender el territorio y sus recursos como plataforma al servicio de la actividad económica globalizada. Es la dimensión más clásica de la promoción económica: atracción de inversiones de empresas multinacionales, grandes infraestructuras y equipamientos, etc. Una dimensión, sin embargo, en la que la escala municipal, en especial en nuestro país, resulta claramente insuficiente, siendo la escala más efectiva a nivel de planificación, ordenación y gestión la regional o, si procede, la metropolitana.
  •  La dimensión del desarrollo económico local con proyección global. Se trata de la dimensión predominante en la actualidad, basada en la movilización de recursos del territorio, con un claro protagonismo del fomento de la emprendeduría y la innovación como palancas de acceso de la producción local a los mercados globales. Una dimensión, sin embargo, muy condicionada por las posibilidades de financiación externa y donde los fondos europeos (en franca retirada de cara al próximo período de programación) han sido cruciales. La escala supramunicipal se presenta como la más adecuada para esta dimensión, con el fin de alcanzar la masa crítica necesaria para optimizar recursos y generar impactos relevantes.
  •  La dimensión del desarrollo económico local comunitario; la que trata de movilizar los recursos locales para satisfacer las necesidades y aspiraciones específicas del territorio en cuestión. Seguramente, esta es la dimensión más olvidada en las políticas de promoción económica que se llevan a cabo actualmente cuando, paradójicamente, es la que más se adecua con la capacidad local (en especial, en su sentido de “municipal”) de intervención y es asumible desde el concepto de comunidad: desde el barrio o municipio pequeño hasta la comarca o más allá. La construcción de capital social es aquí la misión fundamental de las políticas, que deben reconocer, alentar, valorizar e interconectar las iniciativas económicas (en el sentido amplio de Economía) que surjan de la sociedad civil.

Esta articulación del desarrollo económico local en tres dimensiones reclama, por tanto, una mejor coordinación entre las diferentes escalas de intervención. Un ejercicio de racionalización de acuerdo con las exigencias de una gobernanza multinivel que otorgue a cada escala las políticas y los instrumentos más efectivos, en clave de mejora de la eficiencia pero sin perder de vista la equidad y la solidaridad entre personas y territorios. En otras palabras, acabar de una vez por todas con las duplicidades y los solapamientos (también con los vacíos) de estructuras y programas, y con la presencia de agentes “inertes” capaces de captar recursos sin aportar ningún tipo de valor para el territorio.

Pero también reclama ampliar el concepto de “Economía” en la línea de lo que nos dice su definición: la satisfacción de las necesidades humanas a partir de los recursos escasos a su disposición. Y es aquí donde entra de lleno la economía verde, la economía social y, especialmente, la economía solidaria con sus redes de intercambio, coproducción de servicios públicos, economía colaborativa, monedas locales y solidarias… iniciativas que, en el caso de haber sido tenidas en cuenta por nuestras políticas locales, lo han sido más como instrumentos vinculados a servicios sociales que a la promoción económica y el empleo[3].

Repensar la Economía desde esta dimensión del desarrollo económico local significa también trabajar sobre la idea de la existencia de una cierta subsidiariedad económica que recomienda la localización[4] de determinadas actividades económicas. Tal sería el caso de los alimentos (producción y consumo km0), de la energía (cambio del modelo energético), de los servicios a las personas o incluso, como recoge la cita inicial de Keynes, el sector financiero.

Y reclama, además, repensar el papel de los profesionales del desarrollo local, que deben convertirse en “tejedores” de redes sociales, con dos funciones primordiales en su comunidad: motivar y conectar.

Motivar a formarse, a buscar empleo o soluciones alternativas viables, a emprender, a poner en valor los recursos que se tienen al alcance para satisfacer de manera colaborativa las necesidades de la comunidad, aunque ello no se traduzca necesariamente en empresas ni empleos “al uso”.

Y conectar a personas con personas, personas con empresas, empresas con empresas, personas y empresas con recursos… fortalecer, por tanto, el capital social a través de las redes (analógicas y/o virtuales) que existan en el territorio o que se puedan tejer en él.

En definitiva, es el momento de repensar en profundidad las políticas económicas locales. Repensar para ensanchar la visión de lo que es la Economía y utilizar todos los instrumentos a nuestro alcance y todas las iniciativas sociales encaminadas a resolver necesidades de las personas. Para adecuar las escalas de intervención a los retos que se presentan. Para atrevernos, des de los entes locales, a ser más receptivos con las propuestas alternativas procedentes de la ciudadanía y con las que observamos en otros lugares. Para, efectivamente, innovar y experimentar en las políticas de desarrollo económico local sobre la base de la participación.

Recuperemos, por tanto, la “dimensión olvidada” del desarrollo económico local y situémosla en la base de nuestras estrategias, poniendo en valor la diversidad, la proximidad y el margen para la heterodoxia que conceden el hecho de ser la administración más cercana a la ciudadanía, a sus intereses y a sus capacidades, aunque siga habiendo quien se empeñe en ignorar esta realidad.

Oriol Estela – Jefe de la Oficina Técnica de Estrategias para el Desarrollo Económico de Diputación de Barcelona


[1]    John Maynard Keynes (1933). “National self-sufficiency”, The Yale Review, Vol. 22, No 4, junio.

[2] Ernst Friedrich Schumacher (1973). Small Is Beautiful: Economics As If People Mattered. Londres: Blond and Briggs.

[3] La New Economics Foundation de Londres es probablemente la organización que lidera en la actualidad el debate sobre lo que ha venido a llamarse “Nueva Economía” y que recoge esta visión del desarrollo económico local: http://www.neweconomics.org

[4] Localización entendida como una forma de enfocar la Economía que permita satisfacer necesidades locales primordialmente con recursos locales y, al mismo tiempo, minimizar la fuga de recursos hacia el exterior, con el fin de propiciar la internalización en la comunidad del efecto multiplicador de cada euro que por ella circula. Ver, por ejemplo: Colin Hines (2000): Localization: A Global Manifesto. Londres: Earthscan; o la iniciativa Pluggins the Leaks de la citada New Economics Foundation: http://www.pluggingtheleaks.org/

2 Comentarios

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  • Resiliencia en las econom el 14-09-2015

    […] toma impor­tan­cia la defi­ni­ción gené­rica de Eco­no­mía, como ya he comen­tado en posts ante­rio­res. A efec­tos prác­ti­cos, sig­ni­fica incor­po­rar a nues­tras estra­te­gias y nues­tras […]

  • Desarrollo Económico Loc el 7-03-2016

    […] algo se mueve en Esta­dos Uni­dos en la direc­ción de lograr un mayor equi­li­brio entre las tres dimen­sio­nes del desa­rro­llo eco­nó­mico local, no vamos a ser noso­tros quie­nes nos […]

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