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Metodologías de intervención para un desarrollo sostenible: concertación y planificación (III)

Resumen

Durante los últimos 20 años se producen procesos de descentralización de competencias hacia niveles subnacionales y supranacionales. Este marco permite a las sociedades locales dirigir su desarrollo hacia sus intereses y necesidades, aunque con ciertas limitaciones. El marco local permite “crear” soluciones a los problemas e impulsar las potencialidades locales para alcanzar una situación “óptima”, pero esto sólo es alcanzable por aquellos territorios que actúen inteligentemente: que analicen su situación presente, que determinen su modelo de territorio para el futuro, que definan la estrategia para alcanzar dicho modelo, y que lo hagan en un marco de honestidad y concertación social. El presente trabajo presenta los trazos básicos del enfoque local de desarrollo para proponer, a continuación, un conjunto de propuestas razonadas para la consecución de procesos de desarrollo más sostenibles.

(Pincha aquí para recordar el artículo anterior)

1.- Propuestas y métodos para el impulso de procesos sostenibles de desarrollo local

Una vez presentados los principales aspectos teóricos y conceptuales del enfoque local del desarrollo se procede en este apartado a desarrollar un conjunto de propuestas y métodos cuya aplicación puede contribuir de forma determinante al impulso y consolidación de procesos sostenibles de desarrollo local. Es importante destacar que ninguna de estas actuaciones tiene una materialización inmediata sino que adquieren todo su potencial en el medio y largo plazo. En consecuencia, no es conveniente acudir a ellas en momentos de crisis sino en momentos de bonanza económica y social, cuando pueden realizarse mejor los ajustes y cambios necesarios para su implantación.

a.- Visión y planificación estratégica

Con demasiada frecuencia las acciones para el desarrollo planteadas desde un territorio carecen de un proceso de reflexión previo sobre su viabilidad y oportunidad y no se han insertado en una estrategia sostenible de desarrollo a largo plazo. Por este motivo los objetivos de desarrollo no se han definido adecuadamente y se afronta el futuro de forma reactiva y no proactiva. Como consecuencia de esta realidad que se repite en la mayoría de entornos locales, se deja de lado la esencial labor de definir y poner en práctica los objetivos y acciones que deben articular los esfuerzos de desarrollo. Esta realidad impide en muchos casos concretar los beneficios de un proceso de planificación y que pueden resumirse en: la reducción de la incertidumbre en la toma de decisiones, el aumento de la racionalidad en las actuaciones, el aumento de la responsabilidad e implicación de los agentes locales en el proceso de desarrollo, el estímulo de la participación en la toma de decisiones de la sociedad local.

Para incrementar el éxito de los procesos de planificación estratégica pueden seguirse las siguientes recomendaciones: en primer lugar, priorizar lo importante sobre lo urgente o lo políticamente rentable; en segundo lugar, alcanzar un posicionamiento común respecto de los procesos y decisiones clave para el futuro del territorio; en tercer lugar, concretar estos acuerdos en procesos de planificación estratégica territorial desde el entorno local; en cuarto lugar, trabajar en la dimensión territorial más adecuada en cada caso (municipio, comarca, etc.; por último, no multiplicar procesos de planificación participativa que con frecuencia se solapan y generan un fuerte desgaste en los actores locales.

b.- Concertación

El modelo territorial de futuro sólo puede definirse de forma compartida y consensuada con los agentes del territorio. Esto implica la existencia de un compromiso a nivel político y, por tanto, la no apropiación por parte de ningún actor local. Por otro lado, debe existir un claro compromiso por parte de las principales instituciones y organizaciones del territorio tanto en con el proceso de elaboración del modelo de futuro como en su posterior consecución. Para ello deben comprometerse los recursos adecuados en términos financieros, materiales, de conocimiento, entre otros. Esto incluye tanto a las instituciones públicas (gobiernos) como a las organizaciones sociales y económicas del territorio.

Algunos autores han destacado los objetivos de los modelos participativos (Abeledo, 2009): en primer lugar, fomentar la cultura de la participación ciudadana y de la vertebración de la comunidad local; en segundo lugar, reducir el distanciamiento entre la Administración y la población, generando cauces de comunicación recíproca entre ambas partes; en tercer lugar, promover la información, educación y formación social en el nuevo paradigma del desarrollo sostenible; en cuarto lugar, crear las condiciones para la concienciación, discusión y participación en la definición y creación de la comunidad deseada; por último, implicar a la comunidad local en el establecimiento de trayectorias de profundización en las prácticas democráticas, transformando el actual modelo de democracia representativa en uno de democracia participativa a través de la innovación social.

Sea cual sea el modelo de futuro, es esencial avanzar hacia modelos de democracia participativa real en los que la actual desafección ciudadana con la política de paso a fórmulas que permitan la participación permanente de la ciudadanía en la toma de decisiones, al menos de aquellas que tienen un carácter más estratégico.

c.- Apuesta por la calidad territorial

La apuesta por modelos territoriales basados en la competitividad en base al coste de los medios de producción es cada vez más peligrosa. La globalización incrementa la competencia entre territorios a escala mundial, y siempre habrá territorios capaces de  competir en precios con mayores ventajas, especialmente si se quiere alcanzar un nivel decente de calidad de vida para la población. Por otro lado, las áreas rurales poseen ventajas comparativas únicas (paisaje, imagen de producciones de calidad, saber hacer tradicional, etc.) que les permiten competir ventajosamente. Por ello, se han establecido redes de territorios rurales que optan por estrategias de calidad territorial, consistentes en el establecimiento de parámetros de calidad para los productos y servicios ofrecidos desde el territorio, desde un enfoque estratégico y consensuado por los principales actores socioeconómicos locales. Este modelo permite mejorar el posicionamiento competitivo de los territorios que lo adoptan, optimiza sus potencialidades y orienta la acción en una dirección común. En el ámbito de la Unión Europea, puede tomarse como referencia la red “calidad territorial” (www.calidadterritorial.com).

d.- Apuesta por la calidad territorial

El escenario actual de cambios acelerados, relaciones globales, competencia creciente, etc., hace necesario un nuevo modelo institucional que sea dinámico, flexible, desburocratizado, cooperante, tecnológico, descentralizado y territorial. En consecuencia, deben evitarse configuraciones institucionales desfasadas que se caracterizan por una elevada jerarquización, excesiva burocracia, compartimentación sectorial, descoordinación interdepartamental intra e interinstitucional, partidismo exacerbado, atomización y multiplicación de competencias que se solapan y, en ocasiones, se contradicen.

e.- Optimizar la estructura y funcionamiento de la administración local

Con frecuencia, los recursos disponibles en la administración local se encuentran mal ubicados o no se ajustan a las necesidades de gestión. Esta situación implica una importante merma de la eficacia y eficiencia en la acción de las instituciones públicas. En estos casos, es imprescindible mejorar la estructura y organización interna de acuerdo con las necesidades de gestión y con la carga de trabajo real. Si no se cuenca con ellas, debe procederse a la adquisición de las capacidades o competencias profesionales necesarias, mediante procesos de formación específica o contratación. Dada la configuración sectorial de las administraciones y la escasa o nula tradición de coordinación entre los departamentos de una misma institución, es conveniente establecer métodos y protocolos de comunicación y coordinación entre los distintos ámbitos de la gestión local.

f.- Integración en redes territoriales o temáticas

La literatura económica ha demostrado que las redes empresariales, en sus diversos formatos, favorecen el intercambio de conocimiento y experiencias, y mejoran los procesos de aprendizaje. Esta afirmación puede trasladarse, con las debidas precauciones, al ámbito de la administración pública y de los territorios. La inserción en redes territoriales o temáticas de los territorios mejora las oportunidades de adquisición de conocimiento, la transferencia de experiencias y la difusión de innovaciones que pueden contribuir notablemente a alcanzar modelos de desarrollo más sostenibles (Vázquez Barquero 2002). Existen multitud de oportunidades vía proyectos y redes de cooperación que abarcan el ámbito mediterráneo. En todo caso, estas experiencias deben sustentarse en estrategias de desarrollo comunes y no responder a acciones puntuales de intercambio que no derivan en cambios relevantes en los territorios.

g.- Impulsar la función de las estructuras técnicas de desarrollo en el ámbito local

Como se ha dicho, las instituciones locales se estructuran de forma sectorial, como resultado de una larga tradición que entiende la gestión pública como un conjunto de ámbitos independientes de competencias que se yuxtaponen pero no se mezclan en lo fundamental. Este modelo atiende bien a problemas concretos y bien delimitados, pero fracasa rotundamente en la comprensión del territorio y la sociedad como un sistema en el que todas las variables están interrelacionadas y en el que es muy difícil establecer compartimentos estancos. En este contexto, se hace cada vez más necesario el establecimiento de estructuras de gestión transversales cuyo objetivo sea el territorio en su conjunto (Izquierdo Vallina 2002). En el caso español, las administraciones locales han ido conformando estructuras de desarrollo local que atienden a este concepto pero que, en la práctica, tienen funciones mucho menos ambiciosas y, en todo caso, muy variables. Sin embargo, se considera que este tipo de estructuras tiene el potencial de entender la acción pública de un modo sistémico y, en consecuencia, puede abarcar un número importante de competencia, a saber: (i) la coordinación y el apoyo logístico y técnico a los órganos de gobierno, de participación y de asesoramiento; (ii) el impulso de actuaciones estratégicas del proceso de desarrollo (formulación del Pacto Local (compromiso) para el desarrollo local, constitución de los órganos de gobierno, de participación y de asesoramiento, y elaboración y gestión del plan estratégico de desarrollo); (iii) la movilización y mediación entre recursos locales y emprendedores; (iv) la integración de las políticas sectoriales (mejorar su eficacia y rendimiento, proponer estrategias puente y convenios para estimular la cooperación inter-administrativa, impulsar el diseño de planes y proyectos conjuntos, funcionar como “observatorio” de la realidad local); (v) la promoción de las redes locales de empresas (mejora de empresas locales y creación de mecanismos de cooperación para configuración de redes de empresas, apoyo a procesos de comercialización, calidad total, formación, fomento de nuevos productos, búsqueda de mercados, tramitación de permisos, etc.); (vi) la intervención social, animación sociocultural e innovación (intervención social para integrar colectivos y atender problemas de marginación o exclusión, animación sociocultural para dinamizar asociaciones que trabajan en el territorio, y promoción de la innovación para detectar e introducir novedades que contribuyan optimizar el uso de los recursos de desarrollo); (vii) captación de fondos y programas de desarrollo (es esencial diversificar las fuentes de financiación, pero enmarcándolas en los objetivos del PEDL, la gerencia debe ejercer la función de una oficina de proyectos para conseguir financiación para sus propuestas de desarrollo).

h.- Actuar sobre el sistema productivo local

El ámbito local es el más adecuado para establecer estrategias que permitan adecuar la oferta de empleo y la cualificación de la demanda, con una visión prospectiva basada en la estrategia territorial. Para ello, deben utilizarse los recursos disponibles para contribuir a generar actividad económica y empleo más “sostenibles” (mejorar procesos, cualificaciones, orientaciones productivas, calidad y cantidad de los servicios disponibles para empresas y ciudadanos, etc.).

i.- Buscar soluciones eficientes para la provisión de servicios

El pequeño tamaño de los asentamientos rurales, junto con su elevada dispersión en un territorio amplio, inviabilizan la prestación de los servicios básicos. La cohesión territorial y el futuro de las áreas rurales requieren de soluciones creativas para la provisión de servicios utilizando el ámbito territorial más adecuado para hacer viable y menos gravoso cada servicio básico. En este sentido, las mancomunidades y otras estructuras supramunicipales son ámbitos idóneos para la provisión de servicios, el planeamiento estratégico y la cooperación en diversos ámbitos. Deben explorarse fórmulas innovadoras de provisión de servicios que permitan hacerlos viables al tiempo que se garantizan los derechos a los servicios básicos de la población rural (gestión con criterios de empresa, introducción de calidad en gestión de procesos).

j.- Proyectar siempre como objetivo la mejora de la calidad de vida de la población

La mejora de la calidad de vida de la sociedad que habita un territorio es, sin lugar a dudas, el objetivo final que debe considerar cualquier actuación pública. Para ello es esencial basar la acción de las instituciones en una estrategia ambiciosa de atención a los colectivos más necesitados.

2.- En conclusión

La excelencia en el desarrollo desde el territorio se logra a través un conjunto de acciones interrelacionadas que permite alcanzar procesos más sostenibles de desarrollo. Entre ellas, las principales son: (i) la definición consensuada por los actores locales de una visión y acción estratégica común: el modelo territorial de futuro; (ii) la creación de marcas de calidad (territorial); (iii) la implantación de modelos de democracia participativa en todas sus dimensiones; (iv) en relación con el punto anterior, la consecución de un sistema de gobernanza inclusiva y de consenso (al menos en los temas estratégicos); (v) el replanteamiento del funcionamiento de la estructura institucional para tender hacia un modelo más flexible y desburocratizado; (vi) la inserción en redes territoriales o temáticas, en busca de aliados que compartan modelos de futuro; (vii) la creación de redes locales que permitan que los actores generen economías de escala, que compartan conocimiento y que encuentren soluciones compartidas a los retos comunes; (viii) actuar con el fin de mejorar de la relación entre la oferta y la demanda de empleo en el mercado de trabajo local, mediante políticas activas de empleo adaptadas a las circunstancias locales; (ix) introducir soluciones innovadoras y eficaces para garantizar la provisión de servicios a la población y a las empresas.

Joan Noguera Tur – Ins­ti­tuto de Desa­rro­llo Local, Uni­ver­si­dad de Valen­cia (España)

Joan.noguera@uv.es

“Meto­do­lo­gías de inter­ven­ción para un desa­rro­llo sos­te­ni­ble: con­cer­ta­ción y pla­ni­fi­ca­ción”. Revista Maro­caine d’Administration Locale et de Déve­lop­pe­ment nº 79, 2012, p.131–144, ISBN 978‑9954–504–76–5

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