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Metodologías de intervención para un desarrollo sostenible: concertación y planificación (I)

1.- Introducción

Durante los últimos 20 años se producen procesos de descentralización de competencias hacia niveles subnacionales y supranacionales (con imperfecciones y contradicciones). La denominada devolution permite a las comunidades locales pensar sobre la situación de desarrollo y pensar-actuar sobre el modelo de territorio y sociedad futuro (empowerment). Este marco permite a las sociedades locales dirigir su desarrollo hacia sus intereses y necesidades, aunque con ciertas limitaciones. ¿Qué comunidades/territorios alcanzarán un desarrollo más sostenible? ¿Los que tienen más recursos? ¿Los mejor localizados? ¿Los que trabajen desde el consenso en un proyecto de territorio previamente reflexionado?.

El marco local permite “crear” soluciones a los problemas e impulsar las potencialidades locales para alcanzar una situación “óptima”, pero esto sólo es alcanzable por aquellos territorios que actúen inteligentemente: que analicen su situación presente, que determinen su modelo de territorio para el futuro, que definan la estrategia para alcanzar dicho modelo, y que lo hagan en un marco de honestidad y concertación social

El presente trabajo presenta los trazos básicos del enfoque local de desarrollo para proponer, a continuación, un conjunto de propuestas razonadas para la consecución de procesos de desarrollo más sostenibles.


2.- 
El enfoque del desarrollo local

a.- El contexto: globalización y desarrollo local

Los principales retos que afronta el mundo hoy están relacionados con la Globalización. Podemos definir Globalización como la creciente interconexión entre personas y lugares que causa y provoca una creciente convergencia de procesos económicos, políticos y culturales. En el debate de la globalización existen argumentos a favor y en contra. Entre los primeros destacan: (i) la globalización como expresión lógica e inevitable del capitalismo internacional que beneficiará a todas las regiones y personas incrementando el comercio y riqueza global; (ii) cada territorio se especializará en producciones para las que posea ventaja comparativa, creando una economía global más eficiente. Los argumentos de los detractores de la globalización son, entre otros, los siguientes: (i) supone nuevas dependencias derivadas de la colonización económica; (ii) propone un modelo ambientalmente insostenible basado en sobreexplotación de recursos no renovables y en un transporte intensivo, principal causa del efecto invernadero; (iii) crea relaciones de dependencia económicas de los más débiles a los más poderosos; (iv) favorece la pérdida de diversidad cultural por los procesos de homogeneización.

La globalización tiene importantes principales implicaciones para el desarrollo de los territorios. En primer lugar, plantea una mayor competitividad en un único mercado global; en segundo lugar, las necesidades de ajustes continuos en los sistemas productivos nacionales y regionales para hacer frente a la mayor competitividad; en tercer lugar, las respuestas estratégicas desde ciudades y territorios para posicionarse adecuadamente. Por otro lado, la Globalización puede provocar un nuevo orden internacional y una nueva división internacional del trabajo (Ugarteche, 1997), de modo que el liderazgo de la economía global se verá ostentado por los países de la OCDE, nuevos países industrializados asiáticos y algunos países latinoamericanos (Chile, México, Brasil, Argentina). Los motivos de este liderazgo son varios; entre otros, el hecho de que poseen políticas de libre mercado, que están abiertos a flujos internacionales de capital, y que sus sistemas productivos están interrelacionados mediante el intercambio de bienes, servicios, capital y fuerza de trabajo. El resto de países, por el contrario, permanecerían excluidos del espacio de globalización debido, entre otras cosas, a las debilidades de partida por herencias históricas, a una extendida corrupción institucional, a la existencia de una economía dual y dependiente del exterior, a la importante brecha tecnológica, y al impacto de la deuda endémica.

Lo más importante desde el punto de vista del desarrollo territorial es que la globalización no solo afecta a países y regiones, sino también a ciudades y territorios, dado los ajustes productivos y el dinamismo territorial dependen de: (i) las decisiones de inversión y localización de los actores económicos y; (ii) de los factores de atracción de cada territorio.

Por tanto, podemos hablar de una creciente competencia entre regiones y territorios. La mejora de la competitividad de un territorio dependerá de la introducción y difusión de innovaciones entre empresas, de la flexibilidad y organización del sistema productivo local, y de la existencia de instituciones que potencien los recursos locales. Por otro lado, la globalización genera territorios ganadores y perdedores, tanto en el “Norte” como en el “Sur. Los territorios ganadores son aquellos que disponen y ponen en valor sus recursos humanos y territoriales de calidad, poseen una adecuada estructura de su sistema productivo (redes empresariales, capacidad de innovación y rapidez en su difusión, etc.), poseen un sistema institucional abierto, flexible, y cooperativo, y/o muestran un buen posicionamiento en el sistema económico global (capacidad de acceso a los mercados) (Pike et al. 2002). Las “regiones que ganan” son de varios tipos: por un lado, las grandes regiones metropolitanas tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, concentran la mayoría de servicios avanzados, provocan la atracción de actividades de I+D+i gracias a las economías de aglomeración, aunque con frecuencia padecen una economía dual y grandes desequilibrios internos; por otro lado, las áreas industriales intermedias que combinan costes más bajos de la mano de obra que las áreas centrales, y accesibilidad y cualificación de la mano de obra mayores que las áreas periféricas; por último, las regiones turísticas, gracias a sus recursos territoriales y a políticas de promoción, atraen importantes flujos turísticos, aunque. su dualidad es aun más intensa que en el caso de las áreas metropolitanas.

Sin embargo, la mayoría de los territorios “pierden”. Es el caso de las regiones industriales tradicionales y de las áreas agrícolas sin ventajas competitivas claras, que encuentran dificultades para abrirse a nuevos mercados y sus empresas están perdiendo cuota de participación en sus mercados tradicionales debido a la mayor libertad de movimiento. La consecuencia de todo ello es un crecimiento de los desequilibrios económicos y sociales a escala global, que se reproduce también dentro de los países y regiones.

b.- Competitividad territorial

La globalización genera competencia entre territorios por atraer capital y recursos humanos. La competencia afecta más a regiones y localidades que a estados por dos motivos: en primer lugar, las economías regionales están más abiertas al comercio y los factores de producción se mueven más fácilmente entre regiones que entre países (no hay aranceles o leyes que lo impidan) (Krugman, 1995); por otro lado, en términos de política económica, las regiones no tienen acceso a medidas para mantener la competitividad como la devaluación de la moneda. La competitividad territorial es contraproducente cuando únicamente se centra en atraer inversión a cualquier coste; debe perseguir también impulsar el consumo. Un ejemplo de estrategia territorial contraproducente es la guerra de reducción de impuestos para atraer grandes inversiones externas que se produjo en Brasil en la década de los 90 en relación con atracción de grandes multinacionales automovilísticas

Existen tres tipos de estrategias de competitividad territorial (Cheshire and Gordon, 1998; Malecki, 2004; Pike et al., 2002): en primer lugar, Estrategias Contraproducentes (Zero Sum o Wasteful). Estas estrategias no aportan transformación ni mejora de la estructura económica y desgastan la hacienda regional y se basan en la promoción simple, la atracción de inversión móvil, subsidios a la inversión, y subsidios a las instalaciones industriales o empresariales. En segundo lugar, las Estrategias Transformadoras del Modelo de Crecimiento son aquellas dirigidas a generar formas de crecimiento de base más robusta, y consisten en acciones de formación, promoción del emprendimiento, apoyo a las nuevas empresas, asesoramiento empresarial, reducción de la incertidumbre (planificación), coordinación institucional, e inversión en infraestructuras. Por último, las Estrategias de Refuerzo de Redes, compatibles con las anteriores, se dirigen a la mejora de las redes que generan sinergias o inserción de empresas externasen redes locales, y se fundamentan en la promoción de las redes internas y externas, el asesoramiento para alcanzar buenas prácticas, el desarrollo de enlaces con nodos de transporte aéreo, y la búsqueda global de nuevo conocimiento.

Joan Noguera Tur – Instituto de Desarrollo Local, Universidad de Valencia (España)

Joan.noguera@uv.es

“Metodologías de intervención para un desarrollo sostenible: concertación y planificación”. Revista Marocaine d’Administration Locale et de Développement nº 79, 2012, p.131-144, ISBN 978-9954-504-76-5

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