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Garapenen bloga

Repensar nuestro modelo de desarrollo local

En este país de charanga y pandereta nos hemos creído durante unas cuantas décadas que podríamos estar a la altura de los “mejores”. Con tasas de crecimiento espectaculares llegamos a compararnos con los mismísimos alemanes. Buscábamos desesperadamente un hueco en los G20, los G7… y en todos aquellos foros en donde se toman decisiones que afectan a toda la humanidad. En definitiva, pretendíamos pasar de cabeza de ratón a cola de león. ¿Qué digo “cola”? Queríamos ser parte del mismísimo solomillo del león. Casi nada.

Pero como siempre en nuestra dilatada historia, la cruda realidad nos ha puesto en nuestro sitio. Un crecimiento centrado en el turismo y en la construcción, el abandono de la industria como motor del crecimiento, no podían llevarnos a otro lugar. Sólo la ceguera nos ha impedido ver la tragedia que se avecinaba.

Leía recientemente el libro “España, destino tercer mundo”, de Ramón Muñoz, periodista de El País y se me acabaron todas las dudas. No sé si acertará en sus predicciones más calamitosas, pero desde luego lo que sí es cierto es que vamos a un país low cost. Ya lo decía un amigo, gerente de una agencia de desarrollo hace unos años: “para ser competitivos en la globalización los salarios deberán bajar en occidente hasta igualarse con los de los países en desarrollo. Sólo nos queda rezar para que las condiciones laborales de esos países mejoren exponencialmente para que nos podamos encontrar en un punto que sea digno para todos”.

Atrás quedan todos aquellos mensajes que nos venían a decir que la diferenciación venía por la “calidad” de nuestros productos y por la “innovación” en los mismos. Lo cierto es que esa carrera en la que nos creíamos que podríamos seguir estando entre los mejores se ha acabado. Todos los países en desarrollo han avanzado a pasos agigantados en calidad e innovación y se puede decir que ya nos han alcanzado. Sólo unos pocos países del norte de Europa y EE.UU. han aguantado el tirón y siguen diferenciándose. El resto no. Leía el otro día que a China lo único que le falta es tener “marcas” porque calidad e innovación “le sobran”. Así de crudo.

¿Y dónde queda el Desarrollo Local?

En el mundo del desarrollo local nos hemos fajado con las empresas durante años para convencerlas de las excelencias de la gestión en general, de la gestión de rr.hh. en particular, de la diferenciación por la calidad, de la importancia de la innovación… Todo en un vano intento de de distinguirnos por arriba de los países con mano de obra mucho más barata.

La reforma laboral y todas las demás hechas y por hacer, cuyo objetivo final es que lleguemos a ser más “competitivos” (eufemismo que viene a decir que hay que acercarse a los salarios de un trabajador de Tailandia), han acabado con ese sueño. Aquí de lo que se trata es de producir barato y la única manera es bajar salarios. Adiós a la gestión, a la calidad, a la innovación… todo aquello en lo que creíamos y creemos los que estamos en el día a día de las empresas.

Y no sólo eso. Ahora nos añaden que eso del desarrollo local estaba muy bien para cuando “éramos ricos” y nos sobraba el dinero. Ahora la propia ley de “reforma de la administración local” viene a decir que las competencias municipales son las que son y cuidadito con meterte en camisas de once varas. O sea, que el trabajo y el esfuerzo por construir un desarrollo de abajo a arriba se va a acabar.  Y ya no sólo eso, que en sí mismo es una pésima noticia, sino que hasta nuestros propios políticos del entorno local nos están diciendo que si nuestras actividades no son competencia municipal “que lo haga el que tenga la competencia”.

Yo sólo me pregunto: “¿Pero alguien se ha creído realmente nuestro trabajo en todos estos años?”

Una pena, por no decir otra cosa. 30 años trabajando para potenciar un modelo de desarrollo desde el ámbito local, por potenciar un tejido económico fuerte en gestión, para que quede fulminado de un plumazo.

Pero esto es lo que hay, así que no podemos perder ni un solo segundo lamentándonos del poco caso que nos hacen. Lo que podemos y debemos hacer es olvidarnos de lo mal que estamos y repensar de una manera crítica nuestro pasado y nuestro presente para redefinir de una manera clara las alternativas que creemos que pueden y deben llevarse a cabo desde el ámbito local. Eso sí, nunca renunciando a lo que creemos básico, que es trabajar por un tejido económico pensado, y desarrollado desde el ámbito local.

Lo demás es una pérdida de tiempo.

Javier Rodríguez – Director de Inguralde.

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