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El Emprendimiento Vasco

El fenómeno del Emprendimiento Interno está penetrando progresivamente en las organizaciones, demostrando que el “sentido común” supera en muchas ocasiones los grandes y complejos diseños de “arquitectura empresarial” en la búsqueda del crecimiento y la generación de valor.

El Emprendimiento Interno, entendido como la capacidad de las personas para detectar problemas y oportunidades generando soluciones creativas que aporten valor, llega tarde y, en consecuencia, produce ciertas turbulencias en el esquema estructural de una organización. Pero, una vez superadas, el nuevo modelo que surge es infinitamente más eficaz y armónico. No podía ser de otra forma hablando del primer escalón del Ciclo de Cambio Estratégico.

Hasta ahora, la tendencia general de las “empresas inquietas” consistía en el despliegue sucesivo o simultáneo de distintas estrategias en relación con los procesos de cambio en sentido general. El único nexo común que presentaban era la voluntad de aprovechar oportunidades y solucionar problemas aprovechando las capacidades internas. Más allá de esto, la coherencia final de este conjunto de acciones era difícil de explicar y por ello, sus resultados finales han sido cuestionables en muchas ocasiones en relación con el nivel de recursos y tiempo invertidos.

De igual forma, estas estrategias parecían estar pensadas para una distribución estratificada de las mismas en relación con la “población de la empresa”. Mientras que estrategias como el kaizen o las políticas de sugerencias parecían estar destinadas a las “clases populares”, la innovación estaba reservada a la “intelligentsia” de la organización mientras que la gestión de la calidad en sus distintas expresiones hacía de puente entre ambos estratos. Todo ello sin olvidar la sospechosa reingeniería de procesos y, menos aún, el I+D+i reservado a sólo unos pocos afortunados. Semejante concepción del cambio estratégico derivaba en procesos de detección, ideación y desarrollo totalmente sesgados en su origen y materialización. Mientras que resultaba extraño que una sugerencia superara los umbrales de los rutinarios procesos productivos o de gestión, los resultados de las prospectivas desarrolladas en términos de innovación casi siempre acababan en diseño de producto, gestión comercial o simplemente en complejos proyectos de investigación y desarrollo. En definitiva, resultaba difícil visualizar una cultura coherente y , menos aún, flujos inter activos que lograran optimizar el conjunto del conocimiento y el talento de las personas de la organización.

La progresiva penetración del Emprendimiento Interno está haciendo aflorar todo este conjunto de solapamientos y contradicciones cuando no ineficacias. De hecho, el reto inicial en todo proyecto de desarrollo de una cultura del Emprendimiento Interno no es tanto conseguir adhesiones a la iniciativa como conseguir apaciguar las suspicacias de los responsables de las distintas áreas protagonistas, hasta ese momento, de la “cultura del cambio”, expresión ambigua y equivoca donde las haya. Sin embargo, este hecho no debe ser considerado como una barrera infranqueable, sino como un proceso de “cambio estratégico” en sí mismo. El Emprendimiento Interno no llega con el objetivo de acabar con las anteriores iniciativas hasta imponerse como la nueva moda dominante. Más bien al contrario, su misión es estructurar, cohesionar y conseguir que todas estas expresiones alcancen su máxima eficacia partiendo de unos presupuestos ineludibles:

A) PROBLEMAS Y OPORTUNIDADES

El Emprendimiento Interno está dirigido a la detección de problemas y oportunidades independientemente de su naturaleza y origen. De nada sirve un buen diseño de producto si los procesos productivos no están optimizados al mismo nivel o si las plataformas logísticas no son las adecuadas.

B) CONCEPCIÓN UNIVERSAL DEL TALENTO

El talento está presente en el conjunto de la organización. No existen grados, tan sólo peldaños en una escalera que es necesario recorrer en su conjunto. En un equipo ganador no pueden existir genios de primera y monosabios de segunda. Si esto ocurre, pronto surgirán perdedores.

C) FLUJOS ESTRATÉGICOS

El Emprendimiento Interno genera una masa crítica, desestructurada desde la perspectiva de la gestión, pero increíblemente potente en su flexibilidad y eficacia para abordar problemas y oportunidades generando soluciones integrales.

D) CULTURA

La innovación o la calidad no tienen la entidad suficiente para convertirse en generadoras de cultura. Surgen como fin y resulta tremendamente complejo argumentar su condición de “actitud compartida”. El Emprendimiento Interno es la expresión de una forma inequívoca de pensar y actuar, es en sí misma una actitud y, en consecuencia, puede generar un fenómeno de cultura organizacional. La innovación o la calidad no son ni peores, ni mejores sino expresiones operativas específicas de un fenómeno anterior.

El Emprendimiento Interno no es una estrategia anticrisis sino una imperiosa necesidad de conseguir ser más eficaces y competitivos a partir de un hecho natural: el talento de las personas.

Si las personas son el alma de la empresa, su talento expresado en términos de emprendimiento es el corazón que la mueve.

Dicen que los vascos, entre otras muchas cosas, nos caracterizamos por nuestro espíritu emprendedor. Sin embargo, es dudoso que seamos más emprendedores que un alemán, gallego o francés. En términos de emprendimiento, todos somos emprendedores por necesidad, pero no todos lo son por genética social y quizás ahí resida nuestra particularidad y, mucho más aún, si nos centramos en el Emprendimiento Interno para el que realmente los vascos estamos predispuestos.

¿Por qué?

No es el momento ni el lugar para largas disquisiciones pero sólo basta señalar nuestros peculiares hábitos relacionales en el entorno laboral, consecuencia de una filosofía de estructura social abierta y de clara tendencia igualitaria. Somos respetuosos con las jerarquías y las ejercemos, pero nunca más allá de su justificación operativa y optimizadora y sin que nunca interfieran en la búsqueda de progreso y mejora continuada. Somos rigurosos con el concepto de justicia laboral, pero rara vez mezclamos churras con merinas. Somos exigentes con nuestro trabajo y disfrutamos con el reto, pero sabemos compartirlo y, pese a lo que la leyenda dice, no nos gusta el individualismo. Y lo que es más importante, hemos sido capaces de mantener este perfil pese a la influencia distorsionadora de factores extra económicos que todos conocemos. No es la única explicación, pero sí uno de las causas genéricas de nuestra prosperidad y hasta de nuestro temple en situaciones extremas como las que ahora vivimos.

Por todo ello, las políticas públicas de fomento del emprendimiento son necesarias, pero aún más lo son aquellas que deben potenciar el desarrollo del Emprendimiento Interno en nuestras empresas. Si lo conseguimos, la primera consecuencia inmediata será un notable y significativo aumento de los índices de competitividad, pero también la posibilidad de convertirnos en un referente internacional en lo que a este fenómeno se refiere.

Dice un viejo proverbio del Baztán que “todo lo que tiene nombre existe”. Pongamos nombre y apellido al Emprendimiento Interno Vasco.

José Luis Montero Guadilla – Socio Director de Y.innovación

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