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Diseccionando la innovación abierta (V). Innovación colectiva

En los anteriores artículos se ha analizado la importancia de los trabajadores como fuente de innovación, la importancia de tejer una red de colaboradores para poder desarrollar nuevos productos, así como los usuarios como fuente relevante de innovación. Pues bien, en este escenario nuestra atención se centra en un colectivo mucho más disperso y diverso; la multitud.

En efecto, la emergencia de nuevas herramientas en el campo de la comunicación digital hace que conectar a un número amplio de personas y agregar su conocimiento sea hoy una realidad llena de posibilidades. ¿Son las multitudes inteligentes? ¿Bajo qué condiciones su agregación y conexión produce resultados de valor? Estas son solo dos preguntas de las muchas que podríamos utilizar para enmarcar el devenir de este escenario.

La innovación colectiva surge de la premisa de que las organizaciones deben aprovechar la inteligencia colectiva para potenciar su capacidad innovadora a lo largo de todo su proceso, es decir, a través de su uso las empresas e instituciones en general deberían ser capaces no solo de generar más ideas, sino también de desarrollarlas, de priorizarlas y llegado el caso, dotarlas de recursos.

En este punto es conveniente diferenciar este escenario y el de innovación de usuario. Este último se centra en la búsqueda y puesta en valor del conocimiento individual que poseen, especialmente, una serie de usuarios avanzados. La primera diferencia entre ambos es de alcance. La innovación colectiva no es tan selectiva en las fuentes externas de conocimiento, primando la cantidad y variedad de perspectivas sobre el conocimiento experto. La segunda de las diferencias tiene que ver con el tipo de relaciones que deben desarrollarse en ambos escenarios. En el de innovación de usuario prima la relación organización/individuo, es decir se establece preferentemente una relación de uno a uno (o a lo sumo de un grupo reducido con la organización) a la hora de hacer fluir la inteligencia. En el presente escenario sin embargo, la relación principal se establece entre la multitud y es de esa conversación distribuida y compleja de donde la empresa debe ser capaz de extraer conocimiento.

También resulta clarificador, aunque más problemático, diferenciar los conceptos de innovación colectiva y crowdsourcing. Jeff Howe, editor de la revista Wired, definió en 2008 el crowdsourcing como el acto de una compañía o institución de identificar una función anteriormente realizada por empleados y externalizarla en manos de una red muy amplia de personas a través de una convocatoria abierta. Obviamente tanto uno como otro confían en la inteligencia colectiva como vehículo de producción y resolución de problemas, sin embargo entendemos que difieren en el enfoque. Así, los procesos de crowdsourcing están muy dirigidos por la empresa que plantea el problema a solucionar, mientras que en la innovación colectiva la actividad no está necesariamente tan dirigida y los resultados pueden buscar patrones más emergentes e inesperados que planificados o controlados. Esto hace que la propia dinámica de gestión de un proceso de crowdsourcing sea predominantemente top-down, mientras que la innovación colectiva utilice tanto el bottom-up como el top-down como método de gobernanza. En conclusión, podemos decir que el crowdsourcing es una fórmula, modalidad o mecanismo concreto dentro de inteligencia colectiva.

Pero, ¿cuándo resulta interesante utilizar la inteligencia colectiva en la innovación? Diferentes investigadores, entre ellos Pisano y Verganti, han estudiado la respuesta a esta pregunta llegando a algunas conclusiones. En primer lugar, señalar que la ventaja principal de este modo distribuido y abierto es la identificación de un amplio abanico de ideas más allá de propuestas típicas o esperables en un determinado campo. Por lo tanto, la innovación colectiva puede ser adecuada en entornos donde se necesite acercamientos exploratorios o bien donde las necesidades y/o metas a conseguir no estén clarificadas. En resumen, los contextos donde una organización percibe mucha incertidumbre (por las condiciones del mercado o por su propia ignorancia en la materia por ejemplo) serían los más adecuados por la variedad inherente a las respuestas que se puede obtener de un colectivo heterogéneo.

En resumen, la multitud y la organización pueden compartir experiencias y conocimiento para cocrear valor. La multitud es una recurso adicional para la empresa del siglo XXI que combinada con los recursos internos debe proveer a la organización de soluciones competitivas.

Aitor Bediaga — Inves­ti­ga­dor en MIK y docente en Mon­dra­gon Unibertsitatea.

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