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¿Adónde nos llevan? Una reflexión sobre Keynes y los paralelismos del cambio de época

Cuando en el año 2008 estalló la crisis financiera en EEUU y la periferia de la Unión Europea, buena parte de la atención pública volvió a acordarse de Keynes y su aportación en la “Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero”. En efecto, durante la crisis económica de los años treinta del siglo XX, Keynes hizo una crítica demoledora a la interpretación neoclásica predominante en economía. Ahora, de nuevo hay que “Volver a Keynes”, título de un libro recientemente publicado por Axel Kicillof, actual Viceministro de Economía de la República Argentina, a partir de su trabajo de tesis doctoral, con edición a cargo de Daniel Vila, cofundador de Attac España. El libro trata de mostrar dos puntos. En primer lugar, que las teorías de gran parte de los seguidores de Keynes, los llamados “keynesianos”, desvirtúan algunas de las ideas más relevantes del autor. Y segundo, que las teorías originales de Keynes tienen mucho que aportar al debate actual sobre la crisis.

La interpretación de Keynes sigue ofreciendo una crítica radical a los fundamentos teóricos e ideológicos del pensamiento conservador. Keynes es, sin duda, el economista más influyente del siglo XX, y su principal obra vino a legitimar la intervención del Estado en la economía así como la aplicación de políticas económicas de carácter expansivo para sustentar el crecimiento económico y el empleo. Sin embargo, mientras la figura de Keynes conquistaba un indiscutible y creciente protagonismo en la economía, la política y el debate público, partes importantes de su “Teoría General” iban a ser olvidadas. Algunas de las ideas de Keynes fueron incorporadas a la teoría económica ortodoxa mientras otras fueron desechadas de la misma. Esta labor fue llevada a cabo, principalmente, por los propios economistas neoclásicos a los cuales Keynes criticaba, y cuyos fundamentos teóricos pretendió desplazar.

Hay que recordar que el tipo de políticas públicas que Keynes propugnó en su “Teoría General” habían sido ya puestas en práctica en la década de 1930 y eran incluso respaldadas por algunos economistas ortodoxos, que reconocían la inadecuación de la teoría económica predominante. Las políticas del “New Deal” en EEUU desde 1933, por ejemplo, son políticas de carácter expansivo, que preceden al año de publicación de la “Teoría General” (1936).

Keynes representa el esfuerzo por señalar los cambios profundos que, a principios del siglo XX modificaron sustancialmente las características del sistema capitalista. Para Keynes, la teoría ortodoxa predominante en su época (esto es, la teoría neoclásica) daba respuestas anacrónicas a los problemas que enfrentaba (inflación, deflación y desocupación) a principios del siglo XX. Este enfoque tradicional adjudicaba la causa de los problemas a dos fuerzas que impedían la ocupación plena y el funcionamiento de los mecanismos autorreguladores de los mercados. Estas dos fuerzas eran la intervención del Estado y la fuerte organización de los trabajadores (sindicatos). De este modo, el recetario ortodoxo defendía políticas contractivas encaminadas a reducir el gasto público y la liquidez monetaria, presionando igualmente para que se llevara a cabo una reducción generalizada de los salarios. Para Keynes, por el contrario, la renovada capacidad del Estado para intervenir resulta necesaria para salvar a la economía capitalista. Keynes mantenía así una posición intelectual alejada de los trasnochados planteamientos de los defensores del libre mercado, al tiempo que mantenía –igualmente- una posición distante a los defensores de los procesos revolucionarios radicales, como el llevado a cabo en la Rusia bolchevique.

En los momentos actuales la crisis está mostrando efectos devastadores en España. Frente a ello, las políticas públicas (tanto del PSOE como del Partido Popular) han respondido hasta ahora con un mismo recetario, ordenado o sugerido en gran medida por la troika formada por el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea: ajuste fiscal, austeridad, restricción del crédito, privatizaciones y recorte de servicios sociales. Tal como ocurrió en la época de Keynes, la ortodoxia predominante parece atribuir la responsabilidad de la crisis a la clase trabajadora, a los sindicatos y al excesivo gasto del Sector Público, en particular del Estado de las Autonomías.Frente a la clase trabajadora y los sindicatos el argumento oficial señala que existe una baja productividad junto con salarios elevados y una regulación laboral que no da suficiente libertad a los empresarios. Por otro lado, el excesivo gasto público genera el endeudamiento externo, lo cual agrava la recesión.

Nada se dice acerca de la política de reducción de impuestos, sobre todo de los grupos de mayor ingreso y los beneficios de las grandes sociedades, que han limitado notablemente los ingresos públicos explicando en buena parte la situación de déficit fiscal. Tampoco se alude al traspaso de sectores públicos (telefonía, banca, energía, agua, etc.) que desde los años 80, merced a la fuerte presión de la ideología privatizadora en favor del desmantelamiento del Sector Público, acabaría privando a éste de gran parte de sus fuentes de ingresos públicos.

Según Hobsbawn (“Historia del siglo XX”, 1977), la Primera Guerra Mundial (1914-1919) marcó el derrumbre de la civilización occidental del siglo XIX. Keynes fue testigo de excepción de ese periodo de cambio y sus reflexiones de entonces merecen ser hoy recordadas. Para Keynes los procesos sociales esconden detrás de sí el movimiento lento pero inexorable de los procesos económicos. Es necesario, pues, escarbar debajo de la superficie para comprender los factores explicativos de lo que está ocurriendo. La fase del “capitalismo individualista” sobre la cual se construyó la teoría económica neoclásica, se encontraba ya agotada en la segunda década del siglo XX.De ese modo, el esfuerzo de Keynes no era otro que el de tratar de reflejar con fidelidad los cambios sociales y económicos de su tiempo, a fin de ofrecer una nueva manera de exponer la teoría económica, superando el anacronismo de la teoría ortodoxa predominante. Hoy nos encontramos en una situación que muestra paralelismos sorprendentes con aquella época de crisis que vivió Keynes.

En uno de sus discursos contenidos en los “Ensayos de Persuasión” (1925), Keynes señalaba que “la mitad de la sabiduría de los estadistas se basa en supuestos que fueron ciertos, o parcialmente ciertos, en su momento, pero que ahora son cada vez menos ciertos a medida que pasan los días”. Así pues, la teoría ortodoxa predominante mantenía los rasgos de la sociedad del siglo XIX como base de sus reflexiones y premisas doctrinarias acerca del funcionamiento de una realidad que, a comienzos del siglo XX, ya había cambiado sustancialmente.El supuesto de que la economía logra encontrar su ruta de crecimiento sólo dejada al libre funcionamiento de los mercados, consiguiendo con ello la plena ocupación de la mano de obra del sistema era una premisa que, al igual que hoy día, encontramos en el pensamiento neoliberal hegemónico. Igualmente, ello suele acompañarse de argumentos sobre la necesidad del esfuerzo de austeridad y contención del gasto público y control de los salarios.Es evidente que el estancamiento actual de la economía mundial no puede comprenderse a partir de estos supuestos doctrinarios. Se necesita, al igual que Keynes señalaba en su época, una regeneración de los fundamentos básicos de la teoría económica.

En los albores del siglo XX varios autores anunciaron la existencia de cambios económicos profundos en la naturaleza del capitalismo. Entre ellos cabe recordar a Hobson (1902), Hilferding (1910), Lenin (1917) y Schumpeter (1939). Keynes intentóreflejar estos cambios en la teoría económica predominante, tratando de superar las limitaciones de la misma.Tres son los principales cambios que Keynes señaló en aquel momento: (a) la fragmentación al interior de la clase capitalista; (b) la superior organización de la clase trabajadora; y (c) las transformaciones en el régimen monetario y el sistema bancario.

Hoy día son otros los cambios que pueden advertirse en el funcionamiento del sistema capitalista. En mi opinión, estos cambios son:

  • Agotamiento del modelo energético y productivo basado en el uso intensivo de los combustibles fósiles.
  • Predominio de la lógica del capital financiero especulativo sobre el funcionamiento del capital productivo (o “economía real”).
  • Debilidad organizativa de la clase trabajadora y de los colectivos sociales prisioneros de la lógica especulativa organizada en torno al sistema financiero y bancario.
  • Fragmentación al interior de las economías, con un núcleo globalizado que logra ocultar gran parte de sus beneficios en paraísos fiscales, y segmentos de las economías nacionales, regionales y locales, condenadas a su propia lógica de funcionamiento.
  • Nuevas transformaciones en el régimen monetario y financiero, con idealización de los mecanismos de autorregulación a través del libre funcionamiento de los mercados.

Así pues, ante la magnitud de estos cambios, parece evidente que las formulaciones teóricas y doctrinarias presentes en el pensamiento neoliberal o conservador deben ser superadas, incluso más allá de lo que en su época señaló Keynes.

Fran­cisco Albur­quer­que — Espe­cia­lista en Desa­rro­llo Eco­nó­mico Local

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