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El discurso predominante de la globalización, la competitividad y las exportaciones y el crecimiento. ¿Dónde queda la economía local?

En el dis­curso eco­nó­mico pre­do­mi­nante exis­ten hoy día cua­tro tér­mi­nos reite­ra­da­mente uti­li­za­dos: com­pe­ti­ti­vi­dad, glo­ba­li­za­ción, expor­ta­cio­nes y cre­ci­miento, que pare­cen con­ci­tar un acuerdo bas­tante exten­dido a la hora de seña­lar las polí­ti­cas que deben alen­tarse para enca­rar la cri­sis actual. Al menos, de esta forma, se pro­duce un dis­tan­cia­miento del fun­da­men­ta­lismo sub­ya­cente entre los defen­so­res de la aus­te­ri­dad y el equi­li­brio pre­su­pues­ta­rio, cuya apli­ca­ción irres­tricta resulta a todas luces insu­fi­ciente e inapro­piada ante la cri­sis. Sin embargo, y vol­viendo al dis­curso de los cua­tro tér­mi­nos arriba cita­dos, por lo gene­ral, una vez alu­di­dos ape­nas se pro­fun­diza en las polí­ti­cas que deben lle­varse a cabo, que­dando así como for­mu­la­cio­nes gené­ri­cas. Sin embargo, hay mucho que refle­xio­nar sobre estos tér­mi­nos, sobre todo desde la pers­pec­tiva del desa­rro­llo eco­nó­mico local (o territorial).

El hecho de que este­mos en eco­no­mías más glo­ba­li­za­das no supone que todas las acti­vi­da­des de dichas eco­no­mías estén orien­ta­das hacia un “mer­cado glo­ba­li­zado”. En reali­dad, una parte impor­tante de las acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas de la Comu­ni­dad Autó­noma del País Vasco (CAPV) tie­nen como des­tino el mer­cado interno. Según datos de EUSTAT, la parte que repre­sen­tan las expor­ta­cio­nes de bie­nes y ser­vi­cios de la CAPV en el Pro­ducto Inte­rior Bruto a pre­cios de mer­cado es apro­xi­ma­da­mente el 61% en el año 2010, un por­cen­taje bas­tante simi­lar al que se ha venido man­te­niendo desde hace quince años. Esto quiere decir, que casi el 40% de la acti­vi­dad pro­duc­tiva de la CAPV no tiene como des­tino final el “mer­cado glo­bal”, tra­tán­dose de acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas locales.

 

Entre ellas hay que citar la acti­vi­dad des­ple­gada en los mer­ca­dos muni­ci­pa­les o en los mer­ca­dos que tie­nen lugar en las dife­ren­tes ciu­da­des, pue­blos y comar­cas; las acti­vi­da­des del comer­cio local; los ser­vi­cios socia­les (salud, edu­ca­ción, sani­dad, entre otros); los trans­por­tes loca­les; los ser­vi­cios per­so­na­les (pelu­que­rías, ser­vi­cio domés­tico, entre otros); guar­de­rías; ser­vi­cios de segu­ri­dad; acti­vi­da­des de ocio, cul­tura y deporte; urba­nismo y vivienda, etc.

Hay, pues, un grupo impor­tante de acti­vi­da­des pro­ta­go­ni­za­das por empre­sas gran­des y media­nas que hacen de “trac­to­ras” de otras empre­sas pro­vee­do­ras de bie­nes y ser­vi­cios, y que cons­ti­tu­yen el grupo pro­ta­go­nista prin­ci­pal del dina­mismo expor­ta­dor. Pero hay tam­bién otro grupo no menos impor­tante de acti­vi­da­des orien­ta­das al mer­cado interno.

Las eco­no­mías no son, en abso­luto, con­jun­tos homo­gé­neos. Y cuando se exa­gera el dis­curso glo­ba­li­za­dor y la com­pe­ti­ti­vi­dad de las lla­ma­das “cade­nas de valor glo­ba­les”, se está dejando de lado una parte impor­tante de la eco­no­mía. Pre­ci­sa­mente aque­lla en la cual las micro­em­pre­sas y peque­ñas y media­nas empre­sas tie­nen mayor pre­sen­cia, sin que sean teni­das en cuenta en ese dis­curso “exclu­yente” que limita la nece­si­dad de mejora de la efi­cien­cia pro­duc­tiva y la com­pe­ti­ti­vi­dad a las empre­sas gran­des y media­nas con des­tino expor­ta­dor, en la pre­sun­ción de que ello explica la tota­li­dad del tejido pro­duc­tivo. Por eso es nece­sa­rio insis­tir en la impor­tan­cia de las eco­no­mías loca­les y el mer­cado interno, sobre todo por­que de ellas depende en gran parte el empleo y la cohe­sión eco­nó­mica y social de los muni­ci­pios y comarcas.

No se cues­tiona la nece­si­dad de las expor­ta­cio­nes y el aumento de la com­pe­ti­ti­vi­dad en ese sec­tor. Lo que se echa de menos es un enfo­que terri­to­rial del desa­rro­llo que incluya igual­mente la mejora de la orga­ni­za­ción pro­duc­tiva y empre­sa­rial en las dife­ren­tes eco­no­mías loca­les, una fun­ción en la cual las Agen­cias de Desa­rro­llo Local son ins­tru­men­tos tan impor­tan­tes como, a menudo, des­pre­cia­dos por un dis­curso exclu­yente de la globalización.

El inte­rés prin­ci­pal del gobierno del Estado espa­ñol, tanto el gobierno ante­rior como el actual, parece estar del lado de los gran­des empre­sa­rios y finan­cie­ros. En ese caso, ¿quién se ocupa de las micro­em­pre­sas, las peque­ñas y media­nas empre­sas  y los gobier­nos loca­les? Es sabido que la polí­tica de fomento empre­sa­rial y pro­duc­tivo depende fun­da­men­tal­mente de los gobier­nos auto­nó­mi­cos, pero ello requiere una efi­ciente coor­di­na­ción inte­ri­ns­ti­tu­cio­nal entre los dife­ren­tes nive­les de las admi­nis­tra­cio­nes públi­cas, lo que no siem­pre es una reali­dad, mos­trán­dose en oca­sio­nes la inde­sea­ble repro­duc­ción del cen­tra­lismo desde las ins­tan­cias regio­na­les (auto­nó­mi­cas) hacia las admi­nis­tra­cio­nes de menor nivel. Por lo demás, tam­poco está claro que los gobier­nos auto­nó­mi­cos ten­gan siem­pre una idea clara de su res­pon­sa­bi­li­dad en el for­ta­le­ci­miento del mer­cado interno como estra­te­gia de cohe­sión social, eco­nó­mica y territorial.

Hay que insis­tir en que la mejora de la com­pe­ti­ti­vi­dad no es sólo una cues­tión que pueda ser tra­tada desde el nivel macro­eco­nó­mico. No se trata única­mente, como se plan­tea desde la lógica cor­to­pla­cista de la patro­nal empre­sa­rial, de medi­das de con­ten­ción sala­rial y reduc­ción de las apor­ta­cio­nes empre­sa­ria­les a la Segu­ri­dad Social o a la Hacienda Pública. En una fase de cri­sis y rees­truc­tu­ra­ción pro­duc­tiva como la actual es fun­da­men­tal el nivel micro­eco­nó­mico, a fin de garan­ti­zar la incor­po­ra­ción de inno­va­cio­nes tec­no­ló­gi­cas, medioam­bien­ta­les, orga­ni­za­ti­vas, socia­les e ins­ti­tu­cio­na­les en la acti­vi­dad pro­duc­tiva y el tejido empre­sa­rial, desde los dife­ren­tes ámbi­tos territoriales.

Esto supone que para lograr incor­po­rar mejo­ras en la orga­ni­za­ción pro­duc­tiva y la com­pe­ti­ti­vi­dad se requiere fun­da­men­tal­mente un enfo­que de desa­rro­llo terri­to­rial, ya que sólo desde cada ámbito local es posi­ble lle­var ade­lante los nece­sa­rios acuer­dos y esta­ble­ci­miento de alian­zas entre los acto­res públi­cos y pri­va­dos, a fin de crear con­di­cio­nes o entor­nos terri­to­ria­les favo­ra­bles a la incor­po­ra­ción de inno­va­cio­nes pro­duc­ti­vas, orga­ni­za­ti­vas, medioam­bien­ta­les, socia­les e institucionales.

Sólo con ese esfuerzo interno se puede sus­ten­tar, ade­más, un dina­mismo expor­ta­dor dura­dero. La com­pe­ti­ti­vi­dad es, pues, sis­té­mica, e invo­lu­cra a todos los acto­res pro­duc­ti­vos, socia­les, ins­ti­tu­cio­na­les, finan­cie­ros y del sec­tor de cono­ci­miento. Por tanto, ade­más de los nive­les “macro” y “micro” impor­tan tam­bién los nive­les “meso” (o de inter­me­dia­ción socio­eco­nó­mica e ins­ti­tu­cio­nal) y el nivel “meta”, que alude al esta­ble­ci­miento de una visión estra­té­gica terri­to­rial y el fomento de los valo­res y cul­tura ade­cua­dos para sus­ten­tar el pro­ceso de desa­rro­llo eco­nó­mico local.

Final­mente, la dife­ren­cia entre cre­ci­miento eco­nó­mico y desa­rro­llo es un viejo y cono­cido debate. El desa­rro­llo no puede limi­tarse a un mero cre­ci­miento eco­nó­mico, ya que requiere incor­po­rar la forma como se dis­tri­buye dicho cre­ci­miento, esto es, incluye la forma de dis­tri­bu­ción del ingreso, y exige –ade­más– cono­cer qué tipo de bie­nes y ser­vi­cios com­po­nen dicho cre­ci­miento. No es lo mismo pro­du­cir arma­mento que pro­por­cio­nar ser­vi­cios edu­ca­ti­vos u otros ser­vi­cios socia­les. Igual­mente, no es posi­ble seguir insis­tiendo en un tipo de cre­ci­miento eco­nó­mico insos­te­ni­ble ambientalmente.

Así pues, cuando se habla de “recu­pe­rar el cre­ci­miento”, ¿de qué tipo de cre­ci­miento eco­nó­mico se está hablando? ¿Acaso al tipo de cre­ci­miento eco­nó­mico ante­rior basado en ope­ra­cio­nes espe­cu­la­ti­vas? Es obvio que se requiere avan­zar en la incor­po­ra­ción de inno­va­cio­nes sos­te­ni­bles en la base eco­nó­mica exis­tente, lo cual obliga a for­ta­le­cer las com­pe­ten­cias de los dife­ren­tes acto­res territoriales.

No es sola­mente el cre­ci­miento eco­nó­mico insos­te­ni­ble actual el que debe bus­carse. Es pre­ciso incor­po­rar un tipo de desa­rro­llo sos­te­ni­ble desde el punto de vista social, eco­nó­mico y ambien­tal. La apuesta por mejo­rar y cam­biar las for­mas de pro­duc­ción insos­te­ni­bles es una estra­te­gia terri­to­rial más efi­ciente y com­pe­ti­tiva hacia el futuro. Pero ello obliga a for­ta­le­cer los sis­te­mas loca­les de inno­va­ción, esto es, los acuer­dos entre los dife­ren­tes acto­res par­ti­ci­pan­tes en la apli­ca­ción de dichas inno­va­cio­nes en los sis­te­mas pro­duc­ti­vos loca­les. Estas cosas solo se hacen bien desde los dife­ren­tes ámbi­tos terri­to­ria­les. Por eso es des­afor­tu­nado un dis­curso exclu­yente de lo local, basado sólo en tér­mi­nos cuyo mar­ke­ting los ha situado como si fue­ran incues­tio­na­bles cuando en reali­dad son dis­cur­sos lle­nos de ideo­lo­gía, cons­ciente o incons­cien­te­mente asumida.

Fran­cisco Albur­quer­que Llo­rens — Espe­cia­lista en Desa­rro­llo Eco­nó­mico Local y ex-funcionario de Nacio­nes Unidas

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